Arribamos por la tarde noche a Roma, una ciudad que evoca innumerables historias y personajes históricos como Publio Cornelio Escipión Africannus y Julio César. Estos hombres, en distintas épocas, confrontaron al Senado y libraron batallas épicas, tanto en el ámbito militar como en el de la retórica.
Después de arrastrar maletas desde Roma Termini, nos encontramos frente a la majestuosa Basílica de Santa María la Mayor, donde descansa el Papa Francisco. Las vistas desde nuestra habitación, con la cúpula iluminada, ofrecían una experiencia memorable. Nos reunimos con amigos que llegaron desde Madrid, y disfrutamos de un carpaccio di manzo y una pizza crocante en un restaurante cercano, planificando nuestro itinerario por Italia.
Solo tendríamos una mañana en Roma antes de partir hacia Nápoles, un tiempo fugaz que no alcanza para explorar a fondo la antigua capital del Imperio Romano. Sin embargo, era el tiempo que teníamos, y nos esforzamos por disfrutarlo al máximo.
Mientras caminábamos, pasamos por el imponente Coliseo Romano, diseñado para satisfacer el gusto de la época por los espectáculos de gladiadores, donde más de 400,000 hombres encontraron la muerte en combates sangrientos. Continuamos nuestro paseo hasta las ruinas del Circo Máximo y el Foro Boario, antiguo mercado de carne, antes de llegar al Teatro de Marcelo, conocido por su arquitectura inspirada en el Coliseo, donde se presentaron obras teatrales.
Recordamos que el comediógrafo Tito Maccio Plauto estrenó “La Asinara” en un teatro improvisado de madera en el 214 a.C., mientras los gladiadores y otros espectáculos menos cultos se realizaban en las calles. Regresamos nuestra atención al Foro de Roma, un lugar donde se tomaron decisiones cruciales para la política y la guerra, como la invasión a África, que permitió a Escipión derrotar a Aníbal en Cartago. Imaginé los edificios que una vez ocuparon estos espacios sagrados.
Finalizamos nuestra exploración con una cervecita fría antes de degustar un delicioso almuerzo en la trattoria Forcheta D’Oro. Tras una comida satisfactoria y un moderado consumo de Grappa Italiana, abordamos el tren hacia Nápoles, desde donde iniciaríamos nuestra aventura en el Voyager, con destino a Sicilia y Malta.
Esta experiencia nos deja con la intriga de lo que está por venir, en un viaje lleno de historia, cultura y sabor.
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