La situación del sarampión en la región de las Américas ha alcanzado un nivel alarmante. A inicios de 2026, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) emitió una nueva alerta epidemiológica tras registrar un notable aumento en los casos de esta enfermedad altamente contagiosa. En las primeras tres semanas del año, se confirmaron 1,031 casos adicionales de sarampión en siete países, incluyendo México, Estados Unidos y Canadá, lo que representa un incremento extraordinario de 43 veces en comparación con el mismo período del año anterior.
Este aumento desmesurado ha impulsado a la OPS a hacer un llamado urgente a intensificar las actividades de vigilancia epidemiológica y a asegurar una cobertura de vacunación del al menos 95% en las poblaciones. Un dato preocupante resalta en su comunicado: el 78% de los casos confirmados en esta nueva ola no estaban vacunados, mientras que el 11% no tenía información sobre su estado de vacunación.
En México, el impacto del sarampión ha sido particularmente grave. La Secretaría de Salud reportó, a inicios de febrero, un total acumulado de 8,332 contagios desde que se inició el brote el año pasado. Las alarmas se encendieron aún más con la confirmación de la primera muerte por sarampión en Michoacán, elevando el conteo a 26 defunciones desde que comenzó la crisis sanitaria.
Los grupos más afectados son los menores de un año, seguidos por niños de 1 a 4 años y de 5 a 9 años. A pesar de que una proporción significativa de casos está entre adolescentes y adultos jóvenes, la incidencia en los más pequeños subraya la necesidad urgente de asegurar esquemas de vacunación completos.
El virus está activo en 32 estados de la República, con las regiones de Chihuahua, Jalisco, Chiapas y Sinaloa siendo las más afectadas. Mientras las autoridades de salud trabajan contra reloj para contener la propagación, el enfoque ha pasado de la prevención a la gestión de emergencias.
La OPS y diversas autoridades sanitarias continúan afrontando este desafío, que no solo pone en riesgo a los más jóvenes, sino que exige una respuesta colectiva y decidida para proteger a todas las poblaciones vulnerables. En tiempos de crisis como esta, la colaboración, la información y la acción son más cruciales que nunca para frenar la propagación del sarampión y evitar que la situación se deteriore aún más.
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