El Palacio Real de Milán se convierte en el escenario de la primera retrospectiva italiana dedicada a Leonora Carrington, destacada figura del surrealismo, con más de 60 obras que abarcan su extraordinaria trayectoria desde Europa hasta su arraigo en México. Curada por la mexicana Tere Arcq y Carlos Martín, la exposición revela una conexión profunda con el universo espiritual de la artista, celebrando su influencia en el arte contemporáneo.
El evento se inspira en el creciente reconocimiento mundial de las artistas surrealistas, un fenómeno que comenzó con la exposición In Wonderland en 2011. Aunque Carrington había gozado de prestigio en México por décadas, la atención internacional aumentó con recientes retrospectivas en Irlanda, Inglaterra, Dinamarca y Madrid, consolidando su relevancia dentro del ámbito artístico global. La reciente Bienal de Venecia en 2022 señaló un punto de inflexión para la valoración de estas figuras.
Desde su infancia, Carrington estuvo inmersa en un mundo de mitos celtas, cuentos de hadas y magia, gracias a su madre, abuelas y niñera irlandesas. Esta fascinación por el esoterismo, que nació incluso antes de su vinculación con el surrealismo, moldeó su arte y su visión del mundo, influyendo en su rebeldía contra una figura paterna autoritaria y las convenciones sociales de su tiempo.
Sus viajes, desde Florencia hasta París, y su retiro en el sur de Francia con el artista Max Ernst jugaron un papel crucial en su desarrollo artístico. En particular, su experiencia en un hospital psiquiátrico en Santander fue transformadora, conduciéndola a explorar su dolor a través de la escritura y la pintura.
Al establecerse en México, Carrington encontró un lugar donde lo mágico era parte de la vida cotidiana, en vez de ser una mera nostalgia. La cultura mexicana resonó con su herencia celta, lo que la llevó a profundizar en elementos como el culto a los muertos y las creencias indígenas. Junto a otras artistas como Remedios Varo y Kati Horna, Carrington exploró el tarot y la alquimia, enriqueciendo así su conexión con las culturas originarias.
Entre sus aportaciones más notables, se destaca su visión sobre la cocina como un espacio de creación. En contraste con la representación feminista que a menudo percibe la cocina como un lugar de opresión, Carrington lo consideraba un laboratorio alquímico, un espacio de colaboración y creatividad.
La artista también expresó una afinidad por el budismo tibetano, rechazando dogmas patriarcales de religiones tradicionales. Para Carrington, lo divino no era externo, sino una esencia interna que forma parte de todos los seres vivos. Su conexión con la naturaleza la llevó a desarrollar una conciencia ecológica, considerando a los animales como compañeros espirituales y abogando por su protección.
En la década de 1950, Carrington pintó los arcanos mayores del tarot, una obra redescubierta por un curador en una colección privada, que fue exhibida por primera vez en una retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México en 2018. Esto subraya la continua relevancia de sus prácticas esotéricas en el arte contemporáneo.
La exposición de Carrington en el Palazzo Reale abrió sus puertas el sábado pasado y estará disponible hasta el 11 de enero de 2026, invitando a los visitantes a explorar el mágico mundo de una de las artistas más influyentes y visionarias del siglo XX.
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