En la primera quincena de diciembre, la inflación en México aumentó a un 4.46 por ciento, lo que representa un incremento significativo respecto al 4.19 por ciento registrado en la segunda mitad de noviembre. Este aumento ha sido atribuido en gran medida a los precios de productos como el jitomate, la cebolla, y el gas LP, así como a la caída del peso frente al dólar.
Este mes, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) reflejó este incremento, superando la meta del Banco de México que es del 3 por ciento, con un margen de un punto porcentual tanto hacia arriba como hacia abajo.
La inflación subyacente, que mide los precios de mercancías y servicios pero excluye los productos de alta volatilidad, como los energéticos y los alimentos, también aumentó a un 3.70 por ciento. Por otro lado, el índice de precios no subyacente, que abarca los energéticos y los productos agropecuarios, registró un 7.52 por ciento de incremento.
De acuerdo con expertos, este aumento en la inflación representa un desafío para la economía mexicana, ya que podría afectar el poder adquisitivo de la población y generar presiones inflacionarias. Se espera que el Banco de México tome medidas para controlar esta situación y evitar que se convierta en un problema a largo plazo.
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