Los territorios rurales de América Latina y el Caribe han emergido como pilares fundamentales en el desarrollo global, especialmente en un contexto donde la demanda de alimentos se ha vuelto crítica. Desde el año 2000, esta región se ha destacado como la principal exportadora de productos alimenticios, lo que subraya su potencial en la seguridad alimentaria mundial. A pesar de esta relevancia, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) advierte sobre la necesidad urgente de realizar inversiones y fomentar la participación de los gobiernos, instituciones académicas y organizaciones sociales para abordar las carencias históricas que persisten en estas comunidades.
Durante la presentación del informe titulado Raíces del futuro: el nuevo mundo rural de América Latina y el Caribe, Alicia Montalvo, gerente de Acción Climática y Biodiversidad Positiva de CAF, enfatizó que la transformación del mundo rural representa “una oportunidad estratégica que no podemos desaprovechar”. Este documento, elaborado en colaboración con el Colegio de México (Colmex) y la Secretaría de Economía, no solo destaca la relevancia del sector rural, sino que también señala los desafíos que deben enfrentarse para garantizar su sostenibilidad y relevancia en futuras economías.
El análisis del reporte revela disparidades preocupantes en la productividad agraria. La productividad por trabajador en América Latina es casi la mitad de la registrada en Europa y Asia, e incluso hasta doce veces menor que en Estados Unidos y Canadá. La baja adopción de tecnología y prácticas productivas más avanzadas agrava esta situación.
En términos de acceso a servicios básicos, la situación es alarmante: solo un 33% de las poblaciones rurales tiene acceso adecuado a servicios esenciales. La falta de recursos financieros es igualmente crítica, con muchos habitantes de estas comunidades sin cuentas bancarias ni acceso a dinero móvil. Por ejemplo, solo el 55% tiene acceso a agua gestionada de forma segura, y apenas el 11% cuenta con instalaciones de saneamiento conectadas a redes adecuadas.
El informe también refleja cambios demográficos significativos en las comunidades rurales, como un envejecimiento progresivo de la población y cambios en los patrones migratorios. La informalidad laboral es otra preocupación, ya que se estima que siete de cada diez trabajadores en el ámbito rural opera en este sector. La pobreza extrema, la informalidad y las brechas en infraestructura continúan limitando las oportunidades de millones de personas, con las mujeres enfrentando desafíos particularmente severos, como la sobrecarga de trabajo y la falta de acceso a recursos.
Sin embargo, el CAF y Colmex proponen soluciones para mejorar la situación del sector rural. Sergio Díaz-Granados, presidente ejecutivo de CAF, sostiene que estos territorios tienen el potencial de contribuir decisivamente al crecimiento económico, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad ambiental en la región. Para maximizar este potencial, es esencial invertir en infraestructura, tecnología y en oportunidades que mejoren la calidad de vida en el campo.
El informe sugiere que para transformar el mundo rural se debe implementar una hoja de ruta orientada hacia un desarrollo sostenible e inclusivo. Esta agenda abarca políticas productivas que fomenten la adopción tecnológica y la digitalización, así como el fortalecimiento de la gobernanza de los recursos naturales. En el ámbito social, se debe priorizar la ampliación de la protección social y el desarrollo de capacidades para acceder a empleos de mayor calidad.
En el caso específico de México, que alberga un cuarto de la población rural de toda América Latina, la situación es diversa. Según José Alfonso Iracheta Carroll, subsecretario de Ordenamiento Territorial, Urbano y Vivienda, el país ha visto una disminución en la propiedad ejidal, pasando de casi un 70% a un 62%. Esta variación, sumada al desinterés de los jóvenes por el campo, plantea un reto significativo. Sin embargo, se han implementado iniciativas que buscan apoyar a las comunidades rurales, incluyendo programas para asegurar derechos agrarios y mejorar las condiciones de vivienda a través de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU).
Es crucial que se continúe trabajando para cerrar las brechas de género en el ámbito rural, ya que, a pesar de progresos, la mayoría de las personas con derechos agrarios sigue siendo masculina. Se debe reforzar el enfoque de género en esta materia para garantizar que las mujeres tengan acceso equitativo a tierras y oportunidades.
Este panorama de desafíos y oportunidades en los territorios rurales de América Latina y el Caribe exige un compromiso renovado para transformar esta región en un bastión de desarrollo inclusivo y sostenible, vital no solo para la economía local, sino también para la seguridad alimentaria global.
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