La nueva hornada de embajadores decidida esta semana por Andrés Manuel López Obrador ha vuelto a levantar una fuerte polvareda en distintas direcciones. La designación del cuerpo diplomático es una facultad discrecional del presidente y López Obrador ha aprovechado para mandar dos mensajes con el último movimiento. El primero, al PRI.
Del PRI al obradorismo
Los dos nuevos exgobernadores del partido tricolor que, a falta de la confirmación definitiva en el Senado, se sumarán al barco del obradorismo suponen un nuevo golpe en vísperas de la negociación por la reforma eléctrica, un evento que medirá la fuerza de la oposición para el resto del sexenio. Y el segundo mensaje va dirigido al corazón de la Cancillería. La mitad de los nuevos cargos carece de trayectoria diplomática alguna, anteponiendo nombres de confianza a los profesionales de carrera y marcando distancia con el canciller, Marcelo Ebrard, uno de los candidatos en la terna a la sucesión presidencial. El secretario de Relaciones Exteriores no se ha pronunciado sobre las designaciones y desde la Cancillería se remiten a lo expresado por el presidente.
Las redes lanzadas hacia cuadros de la oposición comenzó el verano pasado tras las elecciones intermedias. La invitación a varios exgobernadores del PRI y del PAN a integrarse en el Gobierno fue defendida como un mensaje de apertura que marcara distancias con sus antecesores, una de las obsesiones de López Obrador. El mismo argumento desplegado este martes durante su rueda de prensa matutina: “El Gobierno no debe de ser faccioso, no puede representar, como era antes, a un partido. El Gobierno es de todos. Queremos que México se exprese en el mundo como es, plural”.
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