En un momento crítico de la historia del crimen en Estados Unidos, durante el juicio de Ted Bundy en los años 70, comenzó a manifestarse un fenómeno insólito: mujeres de diversas edades empezaron a enviarle cartas llenas de admiración romántica. Este tipo de atracción no es un caso aislado, sino una evidencia del fenómeno conocido como hibristofilia, la atracción sexual o romántica hacia delincuentes peligrosos. Aunque no está exhaustivamente estudiado, parece ser más frecuente en mujeres.
El término, que proviene del griego, se traduce como “afinidad por quien comete un ultraje”. Aunque no figura como una enfermedad en los manuales psiquiátricos, su impacto puede ser profundo, generando malestar en quienes la experimentan. La hibristofilia se clasifica en dos tipos: pasiva, donde el admirador fantasiza o se comunica desde la distancia, y activa, donde existe complicidad en la comisión de delitos. Esto puede convertir a estas personas en víctimas secundarias, enfrentando daño emocional, financiero e incluso físico.
¿Por qué existe esta fascinación por los “chicos malos”? Este interés fue conceptualizado por el psicólogo neozelandés John Money en 1986, aunque sus raíces son más antiguas. Algunos factores que explican esta atracción incluyen la búsqueda de emociones intensas, la percepción errónea de los agresores como figuras dominantes y protectoras, el deseo de “salvar” a alguien, así como influencias personales como la baja autoestima o traumas infantiles. No obstante, se ha observado este fenómeno en mujeres exitosas y sin antecedentes de abuso, sugiriendo una combinación compleja de factores culturales y sociales.
La evidencia científica sobre la hibristofilia es escasa; gran parte de la literatura disponible es anecdótica. Sin embargo, estudios recientes han detectado patrones preocupantes en plataformas como TikTok, donde los videos a menudo romantizan a los delincuentes. Un hallazgo significativo es la llamada “trivialización del trauma”, donde se minimizan los sufrimientos de las víctimas y se reduce la gravedad de los crímenes a un entretenimiento lúdico.
La cultura popular y los medios de comunicación juegan un papel decisivo en este fenómeno, a menudo presentando a criminales como figuras carismáticas. La interpretación de Ted Bundy por Zac Efron en una película resaltó esta tendencia, haciendo que muchos pasaran por alto la seriedad de sus crímenes. A medida que la popularidad de historias de crímenes reales crece, también lo hace la glorificación de estos individuos. Las comunidades digitales ofrecen foros donde se comparten fotos e historias que justifican actos de violencia, transformando a los delincuentes en íconos culturales.
Aunque el fenómeno se considera predominantemente femenino, también hay casos de hombres que se sienten atraídos por criminales, como el caso de la asesina Joanne Dennehy en el Reino Unido, donde tres hombres se involucraron en sus crímenes, evidenciando que la hibristofilia puede llevar a personas comunes a un sendero delictivo.
La generación Z está mostrando un patrón inquietante en relación a la hibristofilia. Recientes análisis indican que muchos jóvenes tienden a perdonar o minimizar las acciones de los criminales atractivos, confundiendo a los actores con los asesinos reales, idealizando a los “chicos malos” y promoviendo la violencia a través de un vistazo superficial y a menudo erótico.
Como sociedad, resulta esencial cuestionar la forma en que consumimos estas narrativas. Debemos reflexionar sobre quién se beneficia de la glorificación de los criminales y quién queda en el olvido. Promover un enfoque que priorice las historias de las víctimas y prevenga la trivialización de la violencia puede ser fundamental. La hibristofilia, aunque poco común, se alimenta de un entorno que eleva a los criminales a un estatus de celebridad. La forma en que contamos estas historias tiene el poder de transformar la percepción pública de la violencia y de quienes la sufren.
Es imperativo que, al abordar estos fenómenos, los relatos no se adornan románticamente. Al despojar los detalles de la violencia de cualquier glamur, podemos contribuir a una comprensión más clara de sus consecuencias y evitar que se convierta en un atractivo para la fascinación colectiva.
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