La democracia global enfrenta un alarmante retroceso, según el Índice de Democracia de la Unidad de Inteligencia de The Economist (EIU), que revela una caída a su nivel más bajo desde su creación en 2006. La puntuación promedio ha disminuido de 5.23 en 2023 a 5.17 en 2024. En América, solo Canadá, Costa Rica y Uruguay son consideradas democracias plenas. Estados Unidos, Argentina y Brasil se catalogan como democracias defectuosas, mientras que México es clasificado como un régimen híbrido, mostrando características tanto autoritarias como democráticas.
El crecimiento de la ultraderecha es igualmente preocupante. El informe anual de Amnistía Internacional de 2025 destaca las acciones del gobierno de Trump respecto a los derechos de diversidad, equidad e inclusión (DEI), lo que ha exacerbado tendencias nocivas en otros países, poniendo en riesgo a miles de millones. Las décadas de avance en derechos humanos están en peligro, hechos visibles en situaciones como el genocidio palestino en Gaza, donde la inacción de gobiernos e instituciones es evidente.
A nivel internacional, la ultraderecha actúa en detrimento de tratados y organizaciones multinacionales, favoreciendo a una minoría privilegiada. El informe detalla la represión de la disidencia, el aumento de conflictos armados, la ineficacia para abordar el cambio climático, y un retroceso evidente en los derechos de migrantes, mujeres, y comunidades LGBTI. Este fortalecimiento de la ultraderecha se puede vincular a la crisis financiera de 2008, que cerró un ciclo de tres décadas de globalización y, con ella, el aumento del intolerante desprecio hacia el “otro”.
No obstante, en medio de este panorama sombrío, hay indicios de resistencia. El periodismo se ha convertido en un baluarte contra la irracionalidad, con periodistas de todo el mundo alzando la voz, incluso arriesgando sus vidas en zonas de conflicto como Gaza, Ucrania y México. Durante días recientes, los premios Pulitzer y Ortega y Gasset han destacado la importancia de este periodismo crítico en tiempos difíciles.
Lisa Gibbs, presidenta del Centro Pulitzer, enfatizó que los premios se entregan en un contexto de graves riesgos para la libertad de prensa, datos que subrayan una amenaza sin precedentes en Estados Unidos en más de un siglo. Este año, medios prominentes como The New York Times y The Washington Post han sido reconocidos, premiando a reportajes que abordan temas cruciales, como el impacto de las restricciones al aborto y otros aspectos de las políticas conservadoras emergentes.
En los premios Ortega y Gasset, se ha hecho un llamado claro a ejercer un periodismo que incomode frente al ascenso de autoritarismos. Los galardones han sido otorgados a reportajes que abordan la violencia de género, conflictos internacionales y perspectivas valientes sobre la actualidad política.
A pesar del contexto adverso, el trabajo de estos periodistas continúa recordándonos historias que desafían las narrativas dominantes, revelando verdades incómodas que desafían a los poderosos. En esta lucha constante por la libertad de expresión, la resistencia periodística se mantiene viva, ofreciendo una luz en tiempos de oscuridad.
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