El horizonte de Hong Kong amaneció envuelto en un oscuro manto de humo negro, mientras el sol apenas lograba asomarse entre las densas columnas que se alzaban de los edificios en llamas. La lluvia fina de cenizas caía sin pausa, cubriendo las calles circundantes. El aire, impregnado por el penetrante olor de plástico y materiales sintéticos quemados, se adhirió a la piel de aquellos que se acercaban a la zona.
Más de 800 bomberos, exhaustos pero determinados, luchaban por sofocar un incendio que había estado activo por más de 15 horas. A pie de calle, las llamas continuaban intermitentes en algunas plantas superiores, mientras las autoridades aseguraban que la situación estaba “bajo control”. Sin embargo, el efecto devastador ya era evidente. Aproximadamente 900 residentes evacuados buscaban refugio en ocho centros temporales, muchos de ellos todavía en estado de shock.
Este trágico evento ha sido calificado como la peor tragedia en décadas en Hong Kong, con al menos 44 víctimas fatales y más de 275 personas desaparecidas, de acuerdo con los recuentos provisionales. El fuego se desató poco después de las 14:50 hora local del miércoles en uno de los bloques del complejo residencial Wang Fuk Court, compuesto por ocho torres de 31 plantas y que alberga cerca de 4,800 personas.
La velocidad de propagación del fuego fue alarmante, extendiéndose por siete de los ocho bloques, impulsado por un “puente” de andamios de bambú cubiertos con lonas y mallas verdes, que actuaron como un combustible excepcional. Hacia las 18:22 horas, la emergencia fue elevada a “alarma nivel 5”, la categoría más alta en el sistema de incendios de la ciudad.
Testigos presenciaron escenas casi apocalípticas: torres enteras convertidas en antorchas verticales, ráfagas de llamas que brotaban de las ventanas y explosiones que sacudían pisos superiores. Muchos residentes quedaron atrapados en sus casas cuando el humo bloqueó las escaleras y los ascensores fueron inutilizables. Entre las víctimas se encontraba un bombero de 37 años, Ho Wai-ho, quien sucumbió tras un colapso parcial durante las labores de rescate.
Derek Armstrong Chan, subdirector del servicio de bomberos, comentó que las altas temperaturas dentro de los edificios afectaban gravemente las operaciones de rescate. En los hospitales de la ciudad, más de una docena de heridos permanecen en estado crítico, con quemaduras severas e intoxicaciones por inhalación de humo.
Las primeras investigaciones indican que la estructura exterior del edificio, revestida de andamios de bambú, fue un factor crucial en la propagación del fuego. Aunque este material tradicional es común en la región, se ha estado considerando su reemplazo por estructuras metálicas más seguras, debido a sus vulnerabilidades. A mediados de año, el Gobierno de Hong Kong anunció que al menos la mitad de las nuevas construcciones dejarían de utilizar bambú.
Además, el uso de poliestireno para sellar ventanas y paneles también se ha señalado como un acelerante del incendio. Chris Tang, secretario de Seguridad, explicó que, tras el fuego, la red y la lona impermeable mostraron una propagación de llamas más rápida de lo permitido por normativas vigentes.
Construido en 1983, el edificio donde se originó el incendio suscita serias preguntas sobre la regulación y seguridad de las viviendas antiguas. Un portavoz de los bomberos declaró que la rápida expansión del fuego “no debería haber sido posible” si se hubieran respetado los estándares de seguridad. Las autoridades también informaron de la detención de tres hombres bajo sospecha de homicidio relacionado con el siniestro.
Mientras los sobrevivientes comparten sus relatos, surgen preocupaciones sobre la efectividad de los sistemas de emergencia. Algunos residentes afirmaron que las alarmas de incendios no sonaron, lo que provocó que muchos permanecieran en sus hogares, sin recibir ninguna alerta, un hecho especialmente trágico en un complejo habitado mayoritariamente por ancianos con movilidad reducida. A medida que la noche avanzaba, se reportaron explosiones desde los pisos superiores, donde los bomberos enfrentaban dificultades de acceso debido a la intensidad del fuego y a la insuficiente presión de las mangueras.
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