Transcurrido casi un mes desde el breve conflicto bélico irano-israelí de 12 días, muchas preguntas persisten acerca de cómo se desarrolló esta operación que perturbó Oriente Medio. La distancia de 1.600 km entre Israel y Teherán, sumado al limitado arsenal de cazas disponibles, complica la comprensión de cómo se llevaron a cabo las operaciones militares.
Israel dispone de solo siete aviones KC-707, modelos obsoletos que presentan serias limitaciones en la capacidad de reabastecimiento. Por lo tanto, el uso de cazas F-15, F-16 y F-35 para llegar a Irán y regresar durante la operación planteó un reto significativo. A pesar de la capacidad del Ejército estadounidense de reabastecer a los combatientes israelíes, se ha confirmado que el Departamento de Defensa de Estados Unidos no proporcionó apoyo en este sentido durante los enfrentamientos.
En la fase inicial de los ataques, Israel dirigió sus esfuerzos a objetivos tanto cerca de la frontera irano-iraquí como en el territorio iraní. Las primeras oleadas buscaron explotar el “golpe inicial” de la guerra para debilitar las defensas aéreas y la red de mando y control iraní, realizando ataques dirigidos a bases de misiles de largo alcance e instalaciones nucleares.
Además, la operación de sabotaje del Mossad, enfocada en desmantelar las defensas aéreas desde dentro de Irán, tuvo un papel crucial en el éxito de esta misión. Se tomaron medidas exhaustivas para maximizar la presencia de combatientes en el campo de batalla.
Según reportes de ‘The War Zone’, un elemento clave de la operación fue equipar a los cazas con el máximo de combustible externo, ayudando a extender su alcance. Aunque estas reservas pueden ser reemplazadas, son costosas y típicamente se abandonan si hay algún riesgo. Los cazas F-15 y F-16 de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) pueden utilizar estos tanques, pero la falta de aviones de transporte de combustible implicó que su uso fue crucial.
La adherencia rigurosa a los planes de vuelo, diseñada para optimizar el consumo de combustible, también se implementó en las tácticas de los pilotos, lo que dejó poco margen para errores. Los F-35, al parecer, fueron mejorados para incrementar su capacidad de vuelo, aunque muchos regresaron tras la primera misión con poca gasolina. Israel logró activar casi 300 aviones de combate utilizando solo siete aviones de repostaje, un logro impresionante dado el contexto.
Con el avance de la guerra, la profundidad y el impacto destructivo de los ataques aumentaron considerablemente. Se especula que si Estados Unidos no hubiera atacado las instalaciones nucleares de Fordow con bombarderos B-2, el conflicto podría haberse prolongado hasta que Israel lograra destruirlas, lo que habría requerido incursiones terrestres en áreas altamente protegidas de Irán.
Es notable que Israel tomó la decisión de llevar a cabo esta operación sin el respaldo encubierto de Estados Unidos. Las alternativas para el reabastecimiento incluían bases aéreas en países árabes como Jordania o Arabia Saudí, los cuales cuentan con aviones de reabastecimiento. Sin embargo, no hay evidencia de que Israel haya utilizado estas bases, que son frecuentemente empleadas por Estados Unidos. Algunos informes sugieren la posibilidad de que Israel operara desde Azerbaiyán, aunque aún no se han presentado documentos que corroboren esta afirmación.
Esta información corresponde a la fecha de publicación original (2025-07-17 00:45:00), y cualquier actualización posterior puede resultar esencial para entender el contexto actual. La complejidad de las operaciones militares y las decisiones estratégicas involucradas en este conflicto continúan siendo un área de interés y debate en el ámbito de las relaciones internacionales y la seguridad global.
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