La modernización del acuerdo comercial entre México y la Unión Europea representa una ocasión crucial para potenciar y diversificar las exportaciones del sector agroalimentario mexicano. La firma de este acuerdo, programada para el viernes 22 de mayo, se consideró un hito importante durante la Segunda Cumbre Agrosostenible, según destacó Felipe García Asensio, director general de Santander México.
García Asensio subrayó que el financiamiento será vital para que el sector aproveche al máximo esta apertura comercial. En un contexto donde la producción debe enfocarse en ser más eficiente y sostenible, el acceso a recursos financieros se torna indispensable. La transición hacia modelos más sostenibles exige inversiones significativas, innovación tecnológica, y una mejor gestión de los procesos y recursos.
En los últimos dos años, Santander ha aportado más de 6,300 millones de pesos a proyectos agroalimentarios, cifra que representa casi la mitad de su cartera enfocada en sostenibilidad. Sin embargo, no basta con proporcionar financiamiento; también es crucial acompañar los proyectos para asegurar su viabilidad y escalabilidad a largo plazo. Para lograrlo, la colaboración entre los sectores público y privado es esencial, como lo expuso García Asensio. Este esfuerzo colectivo busca fortalecer alianzas con instituciones clave, permitiendo que más empresas, especialmente pequeñas y medianas, accedan a financiamiento, adopten mejores prácticas y se integren en cadenas de valor más competitivas.
Además, Juan Pablo de Botton Falcón, titular de la Secretaría de Administración y Finanzas del Gobierno de la Ciudad de México, coincidió en que la modernización del acuerdo con la UE atraerá una mayor inversión y generará más oportunidades para el país.
No obstante, el sector agroalimentario mexicano enfrenta retos significativos. Jorge Esteve, presidente del Consejo Nacional Agropecuario, advirtió sobre las complejidades que presenta el cambio climático, la disponibilidad de agua y la presión para aumentar la productividad. La sostenibilidad ha pasado a ser un desafío esencial que va más allá del mero cumplimiento normativo; se trata de garantizar la resiliencia del campo mexicano.
La gestión del agua se perfila como uno de los principales obstáculos. Con una infraestructura de riego limitada y poco eficiente, el país enfrenta una presión hídrica severa en su producción agrícola. La actual administración plantea tecnificar 200,000 hectáreas de riego, cifra claramente insuficiente, dado que se requeriría una meta de un millón de hectáreas anuales. Cada hectárea tecnificada podría costar alrededor de 2,000 dólares, una inversión que, aunque significativa, podría resultar en aumentos de rendimiento y eficiencia.
La transición hacia una producción más sostenible dependerá de esquemas de inversión mixta a mediano plazo. Si se logra implementar con éxito, se prevé no solo un aumento en la producción, sino también una eficiencia mejorada, mayor resiliencia y una gestión óptima de los recursos.
Este panorama no solo refleja la situación actual, sino que también ilustra el potencial del campo mexicano como motor de desarrollo, clave para mantener la competitividad del país y generar oportunidades para millones de personas.
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