Marco Trungelliti está escribiendo su propia historia en el tenis profesional. A sus 36 años, el argentino se encuentra a las puertas de convertirse en el tenista más veterano en acceder por primera vez al ‘top 100’ de la ATP. Su camino hacia este logro ha sido marcado por esfuerzos y sacrificios, y ha dado un paso significativo al derrotar al polaco Kamil Majchrzak, número 53 del ranking y cabeza de serie número 5, en los octavos de final del ATP 250 de Marrakech, Marruecos. Trungelliti logró la victoria con un contundente 7-6(4) y 6-3, después de enfrentarse a una complicada situación en la que tuvo que levantar una bola de set en el primer set.
A inicios del torneo, ocupaba el puesto 117 del mundo, pero gracias a los 56 puntos que ha sumado hasta ahora, se ha colocado provisionalmente en el puesto 100 del ranking, siempre a la espera de cómo progresen otros tenistas en los torneos de Marrakech, Houston o Bucarest. Este progreso es notable, dado que no alcanzaba tan lejos en un evento de la ATP 250 desde su participación en Sao Paulo en 2019. Su impresionante forma se reafirma aún más, considerando que el 15 de marzo pasado, se coronó campeón del séptimo Challenger de su carrera en Kigali, Ruanda.
En 2025, a los 35 años, Trungelliti hizo su debut con el equipo argentino de Copa Davis, convocado por el capitán Javier Frana. Aunque perdió sus dos partidos en la fase clasificatoria contra Corea del Sur, logró cumplir uno de sus sueños más anhelados.
La resiliencia de Trungelliti se hace aún más evidente al recordar los retos que ha enfrentado. En febrero de 2019, cuando estaba a punto de ingresar al ‘top 100’, reveló que había rechazado un intento de soborno por 100.000 dólares para unirse a una red de amaño de partidos. Esta valiente decisión no solo expuso prácticas corruptas en el deporte, sino que también provocó sanciones para tres tenistas argentinos y le trajo consigo una carga emocional considerable, llegando a mudarse a Andorra con su esposa para escapar del estrés que le generó la situación.
Años más tarde, Trungelliti declaró que nunca se arrepintió de su decisión: “Lo hice por convicción. Había injusticias y se decían cosas que no eran ciertas. Pero nunca pensé que eso incluiría el precio que pagué”. Desde entonces, su crítica al sistema del tenis profesional ha sido constante, señalando que el amaño de partidos persistirá mientras las condiciones del deporte no cambien. Según su perspectiva, “al tenis le conviene que el amaño de partidos continúe; de lo contrario, el nivel de los torneos Futures y muchos Challengers son insostenibles; las cuentas no cuadran”.
El camino de Trungelliti es un claro ejemplo de perseverancia en un ámbito donde las dificultades son numerosas y la competencia es feroz. Su historia resuena no solo en el ámbito deportivo, sino también en la lucha por la integridad en el tenis profesional.
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