En el kibutz Nir Oz, Israel, el 7 de octubre de 2023, un ataque terrorista transformó la vida de sus habitantes para siempre. Ese día, más de cien miembros de Hamas ingresaron a la comunidad agrícola, desatando el caos y la tragedia. Entre las víctimas se encontraba Ariel Cunio, un joven que, junto a su madre, Silvia, lucha por reconstruir su vida tras vivir una pesadilla de 738 días secuestrado en Gaza.
Ariel despertó aquella mañana con la alarma habitual en su casa, sin imaginar que los gritos de “¡Allahu Akbar!” marcarían el inicio de un horror inimaginable. Escondido bajo la cama junto a su novia, Arbel Yehud, se vio obligado a presenciar cómo su comunidad era arrasada. Mientras algunos de sus vecinos intentaban combatir a los intrusos, Ariel y su novia eran rápidamente capturados, junto a su hermano David, su cuñada Sharon y las mellizas de tres años, Emma y Yuli.
A medida que los terroristas tomaban control del kibutz, más de 118 vidas fueron perdidas. El relato de Ariel sobre esos momentos es desgarrador, describiendo el pánico y la desesperación mientras su hermano Eitan luchaba por mantener a su familia a salvo de un inminente incendio. Finalmente rescatados, Ariel y Arbel fueron llevados a Gaza, donde sufrieron el horror del cautiverio.
En su tiempo como prisionero, Ariel fue despojado de su libertad. Vivía restringido a espacios oscuros y silenciosos, donde el miedo era constante y la incertidumbre se convertía en su única compañía. Aunque aprendido árabe durante este tiempo, describe cómo el verdadero terror estaba en la falta de comunicación con el exterior, la angustia de no saber el destino de su familia. En su mente, el ciclo de esperanza y desesperación se repetía sin cesar.
La liberación de Ariel y su hermano David, finalmente ocurrida el 12 de octubre de 2025, fue un momento de surrealismo, un impensable regreso a la vida después de casi dos años de sufrimiento. Ver a su madre por primera vez y reconocer a su hermano, transformado por el dolor, intensificó el peso de lo vivido.
Para Ariel, el concepto de justicia es complejo. No se agota en la venganza, sino que se convierte en una idea de supervivencia comunal. Habla de la necesidad de reconocer a los responsables del ataque y menciona que la justicia no debe extenderse a la población de Gaza en su totalidad, sino a aquellos que decidieron participar activamente en el ataque. ”
Mientras los Cunio navegan por el proceso de sanación, la voz de Silvia se ha convertido en un símbolo de resistencia. Al compartir su historia, busca asegurar que la memoria de lo ocurrido no quede sepultada en el olvido. La recuperación, admiten, es un proceso en constante desarrollo que requiere hablar, recordar y salir del silencio.
El debate sobre reconstruir o preservar las ruinas del kibutz avanza entre los miembros de la comunidad. Mientras algunos desean borrar los vestigios del pasado doloroso, los Cunio defienden la idea de que esos lugares deberían ser monumentos, recordatorios de un sufrimiento que no debe ser olvidado.
Ariel vivía en un espacio abierto, lleno de luz y naturaleza, y la transición a un edificio en la ciudad representa un cambio emocional que aún no ha asimilado. Reflexionando sobre el concepto de libertad, dice que cada pequeño gesto, cada decisión diaria es un recordatorio de lo que fue privado por tanto tiempo.
La historia de los Cunio es una de supervivencia, dolor y un inquebrantable deseo de justicia. Mientras continúan su viaje hacia la sanación, su voz se suma a un discurso más amplio sobre la memoria, lecciones del pasado y el devenir de la paz en una tierra aún marcada por el conflicto.
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