En la vibrante noche del sábado, los New York Knicks lograron una victoria histórica al derrotar a los San Antonio Spurs, conquistando su primer campeonato de la NBA en 53 años. La celebración en la cancha, en San Antonio, fue solo el inicio de una eufórica fiesta en Nueva York, donde los aficionados se lanzaron a las calles para conmemorar este significativo triunfo.
En medio de la algarabía, se encontraba Ramell-Correen Frederick, conocido como “Cheeks”, quien estaba sentado en el Habana Outpost, un restaurante en Fort Greene, Brooklyn. Utilizando una antigua máquina de bordar, Cheeks trabajó incansablemente durante toda la noche creando ropa personalizada de campeones para todos aquellos que se acercaban. Sus tarifas comenzaban en un accesible $20, y las solicitudes variaban desde simples “2026 Champs” hasta ingeniosos lemas como “Send the Spurs to the Knick-U”.
Pronto, fotos y videos de Cheeks y su labor comenzaron a circular por las redes sociales, mientras los neoyorquinos se despojaban de sus gorras, chaquetas y camisetas para que él los personalizara, convirtiendo prendas ordinarias en recuerdos únicos del evento. “Quiero ir donde están las personas”, declaró Cheeks, refiriéndose a su decisión de instalarse en un rincón concurrido durante la celebración. Su trabajo, una fusión de arte, comunidad y cuidado, capturó la esencia de la ocasión.
La empresa de bordado de Cheeks, Tattoo’d Cloth, permite a los clientes encargarlos a través de mensajes directos o simplemente encontrándolo en las calles. Originario de Queens y residente de Brooklyn desde 2008, Cheeks ha dedicado 23 años a la industria de la moda, comenzando en empleos operativos hasta autodidactas en la costura y construcción de prendas. Desde que descubrió el bordado en 2007, ha perfeccionado esta habilidad, convirtiéndola en su pasión.
Durante una conversación al día siguiente, Cheeks compartió su experiencia sobre la dimensión de su trabajo en el contexto de la celebración del campeonato de los Knicks. Su set de bordado, un pequeño pero funcional equipo que transporta en un carrito, le permite establecerse en cualquier lugar que inspire su creatividad.
Su máquina de bordar es una reliquia de 104 años. A menudo trabaja con su modelo Singer 114w103, a la que cariñosamente llama Jessica. Completa sus herramientas con dos modelos adicionales, que incluyen una enorme máquina de larga distancia de Francia, llamada Bertha, y una máquina internacional de originario indio, llamada Story. El proceso de bordado es meticuloso y terapéutico, con piezas que pueden tardar desde un minuto hasta 48 horas en completarse.
Este relato no solo ilustra la celebración de un equipo, sino el espíritu comunitario que emerge en momentos de conmemoración. Cheeks, al servicio de sus vecindarios, ha sistematizado un proceso artístico que se transforma en una forma de conexión cultural y emocional.
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