El reciente asesinato del influencer César Gastélum, conocido como “Cesarín”, ha provocado un profundo impacto en el mundo digital y en la sociedad mexicana. Este crimen ocurrió la noche del pasado martes, cuando Gastélum era víctima de un ataque armado mientras transmitía en vivo desde un autoservicio en Culiacán, Sinaloa. Dos motociclistas le dispararon directamente a la cabeza, lo que revela la gravedad y el perfil de la violencia en la región.
Este incidente, que ocurre en un contexto de creciente hostilidad hacia figuras del entretenimiento digital, ha llevado al Gabinete de Seguridad Nacional a abrir una investigación minuciosa sobre el contenido difundido por la víctima. En el análisis del metraje previo a su muerte, se observa cómo Gastélum, tocándose el ala de su sombrero, hacía referencia a una canción vinculada a la secta criminal de los Mayos, levantando inquietudes sobre la naturaleza del posible móvil detrás de su asesinato. El sombrero, según se menciona, se ha convertido en un símbolo entre los influencers de Sinaloa que se identifican con La Mayiza.
El caso de Césarín no es aislado. En enero de 2025, varios influencers fueron exhibidos en volantes lanzados desde avionetas en la capital del estado, acusados de ser “financieros”, “colaboradores” o “lavadores de dinero” del grupo criminal conocido como “Los Chapitos”. En esa ocasión, 25 fotografías figuraban en los volantes y, alarmantemente, cuatro de los señalados ya habían sido asesinados en las semanas previas.
La violencia ha tocado a múltiples figuras de la esfera digital. Gerardo Moya “El Jerry”, un creador de contenido que lucía vehículos de lujo y portaba armas en sus redes, fue asesinado en su camioneta en noviembre de 2025. De igual manera, el mecánico y influencer Víctor Manuel “El Brasileño” fue encontrado sin vida a finales de marzo de 2025, después de haber sido víctima de un secuestro.
Entre otros lamentables casos, destaca el ataque armado contra el influencer fitness Adalberto Peña Urquidez “El Tata”, quien sufrió un atentado en enero de 2025; o el asesinato del tiktoker Juan Carlos “El Chilango”, cuyas publicaciones hacían referencia a los hijos de Joaquín Guzmán Loera. Asimismo, Leovardo Aispuro Soto “El Gordo Peruci”, un youtuber de humor, fue ejecutado en diciembre de 2024, también vinculado a los narcovolantes.
Esta sombría serie de eventos ha llevado a la Unidad de Inteligencia Financiera a investigar a más de 60 creadores de contenido en la región, presuntamente vinculados con actividades ilícitas y el uso de ingresos publicitarios para operaciones criminales.
Desde Sinaloa hasta otras partes de México, como Temixco en Morelos o Ensenada en Baja California, la violencia armada se ha extendido, marcando una era de temor para influenciadores y creadores de contenido. La tendencia de la guerra entre facciones criminales y su incidencia en el mundo digital representa una problemática que no solo afecta a quienes están detrás de la cámara, sino que también refleja una lucha más por el dominio del narco en el imaginario colectivo.
En este contexto, la inquietante pregunta que queda es: ¿quién será el siguiente en ser víctima de esta ola de violencia, y qué responderán las autoridades ante un fenómeno tan alarmante que ha cruzado las fronteras del entretenimiento y el crimen organizado?
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