El comercio internacional se encuentra en medio de ajustes significativos, impulsados por tensiones geopolíticas y reevaluaciones por parte de las élites gobernantes sobre las consecuencias de décadas de apertura económica. A pesar de los desafíos presentes, el comercio y la inversión global seguirán siendo motores fundamentales del crecimiento económico. Por tanto, es esencial adoptar una perspectiva de largo plazo que identifique áreas donde se mantengan las oportunidades para un crecimiento compartido.
En este contexto, la región de Asia-Pacífico se destaca como el área con mayor potencial para México. Este dinamismo económico, combinado con la creciente importancia de Asia-Pacífico en la arquitectura económica y política global, plantea oportunidades significativas. Las 21 economías que conforman el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) representan cerca del 60% del PIB mundial y cerca del 50% del comercio global. El crecimiento estimado de 3.2% en el último año ilustra una sólida base productiva y una capacidad de innovación constante, lo cual es clave en tiempos de reacomodo en las cadenas globales de suministro.
Comprendiendo que Asia-Pacífico abarca desde América del Norte y Latina hasta Asia y Oceanía, desde Canadá y Estados Unidos hasta Chile, así como Australia y Nueva Zelanda, se puede entender por qué la era actual es denominada “el Siglo del Pacífico”. Este cambio económico ha desplazado el peso global del océano Atlántico al Pacífico, generando nuevas dinámicas comerciales.
México tiene la oportunidad de convertirse en un nodo clave de conexión económica entre América y Asia. Esta posición podría desencadenar efectos estructurales positivos, impulsando un aumento en los flujos de inversión, especialmente en sectores como la manufactura avanzada, infraestructura y servicios estratégicos. La capacidad de integrar cadenas globales de valor permitirá mejorar el perfil exportador del país y fortalecer su papel como referente entre regiones, ampliando así su influencia en decisiones económicas de alcance global.
Para aprovechar estas oportunidades, la colaboración del sector privado es esencial. En primer lugar, se debe fomentar la generación y difusión de información estratégica; las empresas poseen conocimiento vital sobre cadenas de suministro y tendencias que pueden facilitar decisiones informadas. En segundo lugar, es crucial trabajar en la visibilidad de México en mercados del Sudeste Asiático, donde el desconocimiento persiste y limita el alcance de las exportaciones. Finalmente, la construcción de alianzas es fundamental, ya que la inversión contemporánea requiere una integración de capital, tecnología y know-how que impulse la innovación y competitividad.
Asia-Pacífico, sin duda, representa una vía clara para ampliar las oportunidades económicas de México en los próximos años. Con la cercanía de la Cumbre de APEC 2028, el diálogo y la colaboración entre los líderes empresariales de esta región son más relevantes que nunca. El evento ABAC II, programado para abril de 2026 en Ciudad de México, servirá como un foro para delinear recomendaciones y oportunidades concretas para elevar la posición de México en la conversación económica global.
Con un acercamiento estratégico hacia Asia-Pacífico, México puede posicionarse favorablemente para aprovechar las corrientes de inversión y crecimiento, convirtiendo potencial en realidad y reforzando su papel en la economía mundial.
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