Los precios del petróleo y el gas han experimentado un notable incremento, impulsados por la reciente escalada del conflicto en Oriente Medio entre Irán y los Estados Unidos. Este 2 de marzo de 2026, los futuros del crudo Brent alcanzaron un máximo de 82.37 dólares por barril, lo que representa un aumento del 13% y marca el nivel más alto desde enero de 2025. Finalmente, cerraron con un alza del 6.7%, estableciendo un precio de 77.74 dólares por barril.
El disparo en los precios fue alimentado por declaraciones de la Guardia Revolucionaria de Irán, quien advirtió sobre la destrucción de cualquier barco que intentara transitar por el Estrecho de Ormuz. Este estrecho es vital para el transporte de petróleo y gas, ya que gestiona aproximadamente el 20% de la demanda mundial de petróleo y gas natural licuado.
También se observó un incremento en el crudo estadounidense West Texas Intermediate, que finalizó con una subida del 6.3%, alcanzando los 71.23 dólares. Este referencial llegó a escalar hasta 75.33 dólares, situándose en sus niveles más altos desde junio del año anterior. La mezcla mexicana de exportación no se quedó atrás, con un aumento del 5%, que representa 3.17 dólares, terminando la jornada en 66.6 dólares por barril.
Los ataques en la región, que llevaron a Israel y Estados Unidos a realizar ofensivas contra Irán, han provocado una interrupción significativa de las operaciones petroleras en todo Oriente Medio. Instalaciones clave han cerrado, y los enfrentamientos han dejado un impacto directo en el transporte marítimo, aumentando los temores sobre el futuro suministro de energía.
Un prolongado conflicto podría resultar en un aumento sostenido de los precios del petróleo y una inflación que afectaría la economía global, elevando también los precios de la gasolina en Estados Unidos. Si bien la reacción inicial del mercado fue menos severa de lo anticipado, la posibilidad de represalias de Irán contra otros productores de energía como Arabia Saudita y Catar ha avivado las preocupaciones sobre una escalada en la crisis.
Arabia Saudita cerró recientemente su mayor refinería después de un ataque con drones, mientras que Catar pausó la producción de gas natural licuado, llevando a la compañía estatal QatarEnergy a considerar una declaración de fuerza mayor en sus envíos. Con 150 barcos varados en el estrecho y al menos tres petroleros dañados, la situación se torna crítica.
Expertos como Daniel Yergin, vicepresidente de S&P Global, destacan que los interrogantes centrales recaen en la cantidad de suministro que se perderá y la duración de estas interrupciones. JPMorgan ha advertido que cualquier restricción del tráfico en el Estrecho de Ormuz por tres a cuatro semanas podría llevar el precio del Brent a más de 100 dólares por barril.
A pesar de las tensiones, la producción global permanece relativamente estable, sostenida por el aumento en la producción estadounidense y de países como Guyana y los integrantes de la OPEP+. De hecho, esta última acordó aumentar su producción en 206,000 barriles diarios a partir de abril.
El impacto de estos acontecimientos se ha reflejado también en el mercado de valores, donde las principales compañías petroleras han visto incrementos significativos en sus acciones. PetroChina lideró el mercado con un aumento del 10.04%, seguida por Equinor de Noruega, que subió un 8.17%, y Repsol de España, con un incremento del 5.6%. En Wall Street, ConocoPhillips también registró un aumento notable del 4.21%.
A medida que la situación en Oriente Medio continúa desarrollándose, el enfoque se mantiene en la capacidad de los mercados para adaptarse a las fluctuaciones de suministro y en cómo los principales actores globales responderán a esta crisis energética en curso.
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