El Estadio Banorte, que albergará partidos del Mundial 2026, enfrenta una creciente controversia entre sus propietarios de palcos y la administración del recinto. A pesar de haber logrado inicialmente acceso a sus espacios para el torneo, los dueños ahora se encuentran en medio de una disputa por un nuevo reglamento impuesto de manera unilateral, que cambia drásticamente sus derechos adquiridos.
Los problemas surgieron tras el prerregistro para la compra de boletos de la Copa del Mundo, donde los propietarios se encontraron con condiciones que limitarían su capacidad de introducir alimentos y bebidas, obligándolos a adquirir paquetes de la FIFA. Esta regla, pensada exclusivamente para el certamen, tomó un giro inesperado al convertirse en un reglamento permanente, lo que ha causado malestar entre quienes se sienten despojados de sus derechos históricos.
Un propietario afectado, que optó por permanecer en el anonimato, expresó su frustración: “Ellos pueden entrar a tu palco cuando quieran, cambiar chapas y tener el control total. Este reglamento no era solo para el Mundial, sino que era permanente.” Los ajustes también incluyen la obligación de cubrir servicios que antes eran opcionales, generando resistencia entre los dueños que se niegan a aceptar nuevas cargas financieras.
Mientras tanto, versiones encontradas afirman que las protestas se centran únicamente en el periodo del Mundial, dejando abierta la posibilidad de que el reglamento no aplique en otras competiciones. Sin embargo, rumores apuntan a irregularidades en la tenencia legal de los palcos, sugiriendo que muchos propietarios no han regularizado su situación, lo que complicó su registro ante la FIFA.
La administración del Estadio ha intentado mitigar la situación mediante comunicados y recordatorios, pero la tensión persiste. Algunos propietarios ya evalúan acciones legales, especialmente después de que un abogado denunciara penalmente la situación. La preocupación se extiende más allá de la economía; se trata también de los derechos de uso que adquirieron bajo condiciones diferentes.
Un punto que ha levantado ronchas es la obligación de adquirir paquetes de alimentos y bebidas durante los partidos. Un propietario indignado comentó sobre los costos: “Te están obligando a comprar por los cinco días, el paquete barato es de un millón y el caro de un millón y medio.” Este tipo de imposiciones ha alarmado a los dueños, quienes sienten que la calidad de su inversión está en juego.
Dentro de la administración del Estadio, se menciona que aspectos como la venta de esquilmos y el pago de servicios caen bajo la responsabilidad de la FIFA, que tomará control total del recinto a partir de mayo de 2026, renombrándolo como Estadio Ciudad de México. Esta transición ha generado incertidumbre y descontento, ya que la administración actual considera que se les han impuesto condiciones poco claras y perjudiciales.
A medida que se aproxima el Mundial, los propietarios de palcos del Estadio Banorte continúan en su lucha por mantener sus derechos y asegurar que la experiencia de disfrutar de sus espacios no se vea comprometida por nuevas regulaciones que consideran injustas. Con su futuro en el aire, los afectados buscan soluciones mientras la tensión entre la administración y los propietarios se intensifica.
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