El estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio global, permanece en el centro de una creciente tensión internacional. Desde el 28 de febrero de 2026, este importante paso marítimo ha sido cerrado al tráfico internacional como respuesta de Irán a ataques militares de Estados Unidos e Israel. Sin embargo, recientemente ha habido un aumento cauteloso en el tránsito de embarcaciones no vinculadas a Irán.
Datos de la firma de inteligencia marítima Lloyd’s List Intelligence indican que más barcos de países ajenos han comenzado a cruzar el estrecho en las últimas semanas, aunque el clima de tensión militar y las nuevas sanciones estadounidenses mantienen la situación en un equilibrio sumamente frágil. Antes del inicio del conflicto, aproximadamente 138 buques cruzaban diariamente el estrecho, a través del cual se transporta alrededor de una quinta parte del petróleo y gas natural licuado a nivel mundial. El cierre decretado por Teherán ha ocasionado una de las disrupciones más graves en los mercados energéticos globales en décadas, dejando a cerca de 1.550 buques bloqueados en el Golfo y a aproximadamente 22.500 marineros atrapados a bordo.
Entre los buques que han logrado salir del Golfo recientemente, los petroleros de gran capacidad, conocidos como VLCC, han mostrado una recuperación notable. De un total de 27 VLCC registrados desde el inicio del conflicto, más de la mitad cruzaron el estrecho durante mayo. Varios de estos cargueros tienen destinos declarados en países como China y Corea del Sur. Informes sugieren que China, India, Japón y Corea del Sur han negociado directamente con el gobierno iraní para asegurar el paso seguro de sus embarcaciones.
Sin embargo, esta reactivación del tráfico marítimo se enfrenta a una dura oposición. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció una serie de nuevas sanciones contra la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico, el organismo creado por Irán para gestionar la navegación y cobrar peajes que, según informes, pueden ascender a dos millones de dólares por travesía. Este movimiento, calificado por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, como una respuesta a las maniobras de Irán para “extorsionar el comercio marítimo mundial”, ha añadido un nuevo nivel de presión en un entorno ya volátil.
Además, la agitación en la región no es únicamente administrativa. La televisión estatal iraní reportó que fuerzas de la Guardia Revolucionaria dispararon contra cuatro buques que intentaron cruzar el estrecho sin autorización. Desde el inicio del conflicto, se han registrado al menos 44 incidentes confirmados que involucran a buques comerciales e infraestructura marítima en la zona.
Las operaciones militares estadounidenses en el estrecho continúan activas. Recientemente, el Mando Central (CENTCOM) informó de la eliminación de embarcaciones de la Guardia Revolucionaria que estaban colocando minas y de un ataque a una batería de misiles en Bandar Abbas. Estas acciones forman parte de un bloqueo naval que se implementó tras el fracaso de las negociaciones de paz en Islamabad.
La reaparición de barcos de terceros países es un reflejo de la presión económica que el cierre del estrecho ejerce sobre naciones importadoras de energía, que están dispuestas a asumir riesgos y costos elevados. Sin embargo, para los expertos, la combinación de disparos iraníes, sanciones estadounidenses y la falta de un acuerdo diplomático sugiere que una normalización duradera del tráfico marítimo dependerá de la resolución de los conflictos políticos actuales, una solución que aún parece lejana.
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