Los precios de la gasolina en Rusia han enfrentado un aumento significativo, complicando la vida de los conductores durante la temporada de vacaciones de verano. Entre el 9 y el 15 de junio de 2026, el precio promedio minorista de la gasolina subió un 1%, alcanzando los 69,11 rublos (aproximadamente 0,95 dólares) por litro. Este incremento marca el mayor aumento desde principios de enero, según datos del Servicio Federal de Estadísticas.
Detrás de este ascenso se encuentra una crisis en el suministro causada por ataques ucranianos contra refinerías rusas. En las últimas semanas, Kiev ha atacado nueve de las diez principales refinerías del país, lo que ha llevado a un procesamiento de crudo al nivel más bajo en 20 años. En respuesta a esta situación, el gobierno ruso ha impuesto una prohibición a la mayoría de las exportaciones de gasolina para enfrentar la escasez.
Este aumento de precios representa una creciente preocupación para las autoridades rusas, recordando episodios pasados de malestar social debido a la inflación, como las protestas de 2018. La cercanía de las elecciones parlamentarias en septiembre añade un sentido de urgencia a la situación. Actualmente, cinco de los ocho distritos federales de Rusia han experimentado un aumento acelerado en el crecimiento de precios, especialmente en las regiones del sur y del Cáucaso Norte.
Las autoridades regionales intentan comunicar que esta escasez no se transformará en un problema grave, pero los reportes de racionamiento de combustible se están volviendo más comunes. Ciudades como Moscú y otras regiones importantes han comenzado a ver largas filas de automovilistas que intentan abastecerse de gasolina, lo que refleja el creciente desasosiego en la población.
Desde el inicio del año, el precio del combustible ha aumentado un 6,6%, superando la tasa de inflación de 3,68%. Grandes empresas como Tatneft PJSC han implementado límites en sus estaciones de servicio tras ataques a su planta Taneco en Tatarstán, una de las más grandes del país. Por su parte, Rosneft PJSC, el mayor productor de petróleo de Rusia, ha prohibido temporalmente la venta de gasolina en bidones, citando un aumento de la demanda estacional.
Para mitigar el efecto de la escasez, el gobierno ha decidido relajar los estándares de calidad para la venta de gasolina y diésel en algunas refinerías, una medida que refleja la urgencia de la crisis. En el contexto de este tumulto, el Kremlin enfrenta el desafío de mantener la estabilidad social y económica mientras se prepara para las próximas elecciones.
Esta situación sigue evolucionando, y los próximos meses serán cruciales para determinar la respuesta del gobierno y su capacidad para abordar las crecientes necesidades de abastecimiento de combustible en un país que, históricamente, ha sido un protagonista en el sector energético global.
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