Durante el mes de febrero de 2026, los consumidores mexicanos sintieron un notable impacto en su economía debido a un aumento significativo en los precios de las frutas y verduras, que registraron el mayor incremento en 34 años. Según datos del Banco de México y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el precio de estos productos aumentó un 4.94% en comparación con enero, marcando un récord que no se veía desde 1992.
Entre los alimentos más afectados se encuentran el limón, cuyo precio subió un impresionante 25.97%, seguido por el jitomate con un incremento del 22.57%. Otros productos que también experimentaron alzas notables son la papa y otros tubérculos (20.86%), el tomate verde (18.89%), y los plátanos (10.79%). Esta situación no solo ha repercutido en la cesta básica de los hogares, sino que ha contribuido a una inflación nacional que alcanzó un 4.02% en comparación con el mismo mes del año anterior, superando el objetivo establecido por Banco de México, que oscila entre el 2% y el 4%.
Históricamente, los precios de frutas y verduras tienden a mostrar una inflación negativa durante febrero. En los cinco años previos, estos precios habían registrado caídas significativas: -6.26% en 2025, -8.43% en 2024, -3.02% en 2023, -1.18% en 2022 y -2.13% en 2021. Por lo tanto, el repunte actual no puede ser atribuido a factores estacionales y es más bien consecuencia de condiciones climáticas adversas. Las bajas temperaturas en Estados Unidos durante el invierno afectaron las cosechas, lo que elevó la demanda de importaciones de frutas y verduras de México.
Esta situación ha generado presiones adicionales sobre los precios a nivel nacional. En febrero, la inflación mensual fue de 0.50%, la más alta para este periodo desde 2023. La variación mensual se debió, en gran medida, a los aumentos de precios en productos como el jitomate, la papa, el tomate verde y el limón, además de un leve incremento en otros alimentos y servicios de alimentación.
A medida que los precios continúan al alza, se plantea un desafío significativo para los hogares mexicanos, que ya enfrentan dificultades para equilibrar su presupuesto. La situación actual subraya la necesidad de monitorear de cerca las tendencias de precios y su impacto en la economía familiar, ya que el costo de los alimentos es un factor crucial en la calidad de vida de los ciudadanos.
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