La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta un creciente desafío: el aumento de precios en México. Ha destacado que productos esenciales como el jitomate, la carne de res, la calabacita y diversas frutas están viendo incrementos significativos. En un esfuerzo por entender la situación, pidió al secretario de Hacienda, Édgar Amador, que visite los mercados públicos y examine de primera mano esta problemática.
Sheinbaum reconoce que la inflación golpea con mayor dureza a los sectores más vulnerables, convirtiendo la alza de precios en una preocupación central para su administración. A pesar de los esfuerzos implementados, como el pacto con empresas gasolineras para mantener el precio de la gasolina magna en 24 pesos, y el Programa para el Control de la Inflación y la Calidad (Pacic) que busca estabilizar el costo de una canasta básica de 24 alimentos, los resultados parecen insuficientes.
Una de las causas del incremento en precios se atribuye a los conflictos en el Medio Oriente, específicamente a las tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán, que han tenido un impacto considerable en los mercados internacionales. Sin embargo, no es solo este contexto externo el que afecta a los precios en México. Un conjunto variado de factores internos, que incluyen problemas estructurales complejos, también están impulsando esta tendencia inflacionaria.
Casi inmediatamente después de que Sheinbaum comentara sobre el aumento de precios, el presidente del Consejo Nacional de la Tortilla, Homero López García, anunció que el kilo de tortillas sufriría un incremento de entre 2 y 4 pesos, debido al alza en el costo de la tonelada de harina de maíz. Maseca, la empresa encargada de suministrar este insumo, anunció que a partir del 15 de abril, la tonelada de harina costará 450 pesos, lo que representa un aumento adicional. Este contexto ha generado inquietud en el gobierno, ya que el costo de producción de las tortillas, afectado por el gas, la logística y hasta la mano de obra, está aumentando.
Los precios en 55 ciudades del país promedian casi 24 pesos por kilogramo de tortilla, aunque en algunas zonas del norte se registran precios de hasta 35 pesos. Además, el CNT señala que los aumentos en salarios son obligatorios para atraer mano de obra, un factor exacerbado por la competencia desleal de los mercados informales.
A pesar de esta difícil situación, la presidenta Sheinbaum ha rechazado cualquier justificación para el aumento del precio de las tortillas, argumentando que los costos de los granos de maíz están en mínimos históricos. Instruyó al secretario de Agricultura, Julio Berdegué, a fortalecer el Acuerdo Nacional Maíz Tortilla con el fin de evitar el alza de precios.
En medio de este panorama, la administración de Sheinbaum ha adoptado medidas proactivas, comprometiéndose a seguir fortaleciendo los acuerdos con los sectores productivos. Sin embargo, queda por verse si se abordarán adecuadamente los problemas estructurales que han llevado a esta situación inflacionaria.
En un giro adicional, la presidenta anunció que se implementarían recortes en varios gastos del gobierno federal para mantener los subsidios a la gasolina y el diésel, priorizando la existencia de los apoyos sociales y evitando un “gasolinazo”. La situación se torna cada vez más crítica y relevante, y su desarrollo será un tema vital para la gestión y la economía del país en el futuro cercano.
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