Las enormes filas en los aeropuertos de Estados Unidos continúan desafiando a los viajeros a pesar de los esfuerzos por reducir los tiempos de espera. Este miércoles, la Administración de Seguridad del Transporte (TSA) enfrenta una grave crisis de personal, lo que ha llevado al despliegue de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) para ayudar, aunque estos no estén capacitados para las labores técnicas necesarias en los controles de seguridad.
Los tres aeropuertos de Nueva York reportaron tiempos de espera que superaron la media hora, y la situación se tornó aún más crítica en el Aeropuerto Internacional Hartsfield-Jackson de Atlanta y en el Aeropuerto Intercontinental George Bush de Houston, donde los viajeros tuvieron que esperar más de dos horas.
La administradora interina de la TSA, Ha Nguyen McNeill, declaró ante el Congreso que el país atraviesa “los tiempos de espera más largos de la historia”. Según datos de NBC News, las bajas de personal han sido especialmente agudas en varias ciudades clave. En el Aeropuerto William P. Hobby de Houston, un alarmante 43% de la plantilla estaba ausente, seguido del Aeropuerto George Bush con un 39.8%. Atlanta también experimentó grandes retrasos con una falta de personal del 36.6%.
En Nueva York, el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy registró una falta del 36.8% de su personal, mientras que LaGuardia sufrió un 17.1% de ausencias, exacerbadas por un accidente que cerró una terminal por varias horas. Además, el área de Baltimore-Washington experimentó un 28.6% de inasistencias en su aeropuerto internacional. En total, el 11.14% de los empleados de la TSA a nivel nacional faltaron a su trabajo, lo que indica una crisis más amplia.
Estas dificultades se han visto amplificadas por el estancamiento en el Senado respecto al presupuesto del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), que lleva más de cinco semanas cerrado parcialmente. Esta situación ha provocado la congelación de los salarios de los trabajadores de la TSA, quienes son considerados empleados esenciales y deben trabajar incluso sin los fondos aprobados para su remuneración.
A pesar del esfuerzo de la TSA, el despliegue del ICE no ha logrado reducir significativamente las colas. Muchos viajeros han expresado su frustración, señalando que han perdido vuelos debido a las largas esperas. Tom Homan, zar de la frontera de la Casa Blanca, precisó que el ICE asistirá a la TSA en tareas que no requieren conocimientos especializados, como gestionar colas y controlar multitudes, aunque esto no subsane la falta de personal calificado.
Mientras las aerolíneas y los viajeros enfrentan este panorama desalentador, la necesidad de soluciones duraderas se hace cada vez más evidente. Las largas filas y los tiempos de espera se han convertido en un asunto cotidiano en el aeropuerto estadounidense, poniendo en entredicho la efectividad de un sistema que debe operar con fluidez y seguridad.
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