El acceso a la conectividad en México ha evolucionado a un ritmo vertiginoso, revelando que la mera cifra de usuarios de internet ya no es el único indicador de su relevancia. En un giro inesperado, el país enfrenta hoy una transición que redefine las necesidades de la conectividad.
Con la explosión del uso de video en ultra alta definición, videojuegos en línea, y herramientas colaborativas, la demanda de capacidades en hogares, empresas y gobiernos se ha transformado radicalmente. Hoy, el internet se erige como una infraestructura crítica que impulsa la productividad y competividad económica, trascendiendo su rol original como un simple servicio de comunicación.
Las estadísticas revelan un crecimiento notable en el acceso a la red. Al cierre de 2025, se registraron 103.7 millones de internautas en México, lo que equivale a una penetración del 87.8% de la población de seis años o más. Apenas hace diez años, menos del 60% de los mexicanos utilizaba internet, y hoy casi nueve de cada diez personas están en línea. Sin embargo, el incremento en el número de usuarios ya no es suficiente; el nuevo desafío es garantizar conexiones que puedan soportar múltiples dispositivos, videoconferencias constantes, y aplicaciones que requieren un considerable procesamiento de datos.
La fibra óptica se ha convertido en una prioridad estratégica. En respuesta a esta nueva demanda, los operadores de telecomunicaciones han intensificado la modernización de sus redes, priorizando la expansión de la fibra óptica y optimizando sus ofertas comerciales. De acuerdo con datos del extinto Instituto Federal de Telecomunicaciones, los planes de internet fijo con velocidades superiores a 100 Mbps aumentaron del 12.7% a finales de 2023 al 32.5% en el tercer trimestre de 2024. Este cambio refleja la rápida migración de los consumidores hacia servicios de mayor capacidad, evidenciando que la simple conectividad ya no es suficiente; los usuarios requieren estabilidad y alta velocidad para realizar actividades simultáneas en un entorno cada vez más digital.
Los operadores han respondido con paquetes simétricos y tarifas competitivas. Algunos han comenzado a ofrecer velocidades residenciales de hasta 10 Gbps, una capacidad que antes se consideraba restringida a segmentos empresariales.
Además, según el “Speedtest Global Index” de Ookla, actualizado a marzo de 2026, México alcanzó una velocidad promedio de internet fijo de 104.3 Mbps, mejorando ocho posiciones en el ranking global y posicionándose en el lugar 64 de 153 países evaluados. Aunque el avance es significativo, el país aún está por detrás del promedio global de 120.5 Mbps y de economías líderes como Singapur y Emiratos Árabes Unidos. En comparación con otros países de América Latina, México sigue rezagado frente a Brasil y Colombia, que han acelerado su expansión hacia redes de alta capacidad.
La economía digital demanda redes más robustas. La conectividad se presenta como un habilitador esencial para casi toda la actividad económica actual. La inteligencia artificial, la automatización, y el trabajo híbrido fortalecerán su dependencia de conexiones de alta calidad. Así, medir el desarrollo digital únicamente por la cantidad de usuarios conectados resulta insuficiente; aspectos como la calidad de las redes, la velocidad efectiva y la estabilidad serán los diferenciadores fundamentales en los próximos años.
México ha iniciado esta transición crítica. El desafío ahora consiste en mantener un ritmo constante de inversión, continuar la expansión de la fibra óptica, y crear condiciones regulatorias que favorezcan el desarrollo de infraestructuras de alta capacidad para poder satisfacer una demanda digital que, sin duda, seguirá creciendo exponencialmente.
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