En el corazón de Boston, la danza y la educación se entrelazan de manera innovadora gracias a la colaboración entre el Boston Ballet y la Universidad Northeastern. Sage Humphries, una de las bailarinas que ha abrazado esta oportunidad única, combina su pasión por el ballet con la búsqueda de un título de maestría en liderazgo organizacional. “Estoy haciendo algo cada día,” afirma Humphries, resaltando su compromiso con el aprendizaje mientras ejecuta piruetas en el escenario.
La asociación permite a los bailarines obtener un grado académico mientras cumplen con sus exigentes horarios de ensayo y actuaciones. Esta flexibilidad es esencial, como indica Ari Schaaff, asesor académico y enlace de la universidad. La mayoría de las clases se cursan en línea, lo que permite a entre 12 y 17 bailarines matricularse cada semestre y recibir una beca del 80% si han estado en la compañía por al menos un año.
Humphries es una evidencia de cómo estos esfuerzos están dando forma a futuros prometedores. Su aspiración es permanecer en la compañía después de su carrera en el escenario. “Es importante tener líderes que representen las experiencias vividas y puedan hacer frente a los desafíos únicos que enfrentan los bailarines hoy en día,” menciona.
Isaac Akiba, un bailarín retirado del Boston Ballet, comparte su perspectiva sobre la preparación para el futuro. Pasó nueve años completando su grado en Northeastern mientras trabajaba en su carrera de danza y ahora se desenvuelve como realtor. “Me ha proporcionado habilidades para tener una visión de mi futuro,” explica Akiba, quien se siente preparado para liderar o incluso iniciar su propio negocio.
La experiencia en el escenario no solo enriquece la vida artística de los bailarines, sino que también les proporciona habilidades transferibles a otros ámbitos. La clave, según Schaaff, radica en aprender a comunicar estas competencias en un nuevo contexto. Humphries, con su amor tanto por el ballet como por sus estudios, encuentra en esta dualidad un equilibrio vital para su desarrollo personal y profesional.
En un mundo donde la carrera de un bailarín puede ser efímera, estas iniciativas ofrecen no solo un sustento académico, sino también una visión del futuro que trasciende las tablas del escenario. Con el apoyo de Northeastern, el Boston Ballet está sentando las bases para que sus artistas se conviertan en líderes en cualquier campo que elijan emprender tras su paso por la danza.
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