El Golfo de California es hogar de una población única de ballenas de aleta que, a diferencia de otras especies como la ballena jorobada o la ballena gris, no migran estacionalmente. Un grupo de aproximadamente 300 ejemplares se ha establecido permanentemente en estas aguas, lo que la convierte en una de las pocas poblaciones de cetáceos aisladas en el mundo. Estas ballenas han sido identificadas como genéticamente diferentes de otras poblaciones, generando debate sobre si deben clasificarse como una nueva subespecie, según ha indicado Omar García Castañeda, académico de la UNAM.
A pesar de su importancia ecológica y biológica, esta población de ballenas enfrenta una creciente amenaza. En enero de este año, biólogos documentaron su actividad alimentaria a menos de 20 kilómetros de Puerto Libertad, en Sonora, justo donde se planea la construcción de una terminal para gas natural licuado (GNL). El denominado proyecto Saguaro aspira a ser la mayor terminal de GNL en México, con proyecciones de exportaciones de más de 15 millones de toneladas anuales hacia Asia. Sin embargo, la ruta marítima de los buques tanques se superpone a las zonas de alimentación de las ballenas de aleta, así como a los corredores migratorios de al menos 31 especies de cetáceos en la zona.
La amenaza es clara: la colisión con grandes buques es la principal causa de muerte entre las ballenas a nivel mundial. Buques de más de 300 metros de longitud son diez veces más largos que el ejemplar más grande de ballena azul. Las colisiones, a menudo fatales, suceden sin que la tripulación de estos barcos se percate del impacto debido a su tamaño y peso. Además, el ruido constante generado por el tráfico marítimo interfiere con las capacidades acústicas de los cetáceos, vitales para su comunicación y navegación.
Ante esta crisis, en septiembre de 2025, un grupo de organizaciones de la sociedad civil presentó una demanda única en México en nombre de las ballenas, proponiendo su reconocimiento como sujetos de derechos. Esta acción legal busca la revocación de las autorizaciones ambientales del proyecto Saguaro, además de la declaración del Golfo de California como hábitat crítico para estas criaturas. En marzo, se otorgó una suspensión definitiva que prohíbe el tránsito de buques cisterna de GNL por Puerto Libertad hacia el Mar de Cortés, logrando una victoria inmediata para las ballenas.
A pesar de este avance, la situación de esta región sigue siendo incierta. La medida cautelar debe abarcar también otros proyectos de GNL en la zona, como Amigo GNL en Guaymas, Sonora, que podría aumentar la cantidad de buques metaneros en el área, intensificando el impacto sobre el ecosistema marino. La lucha por la conservación de la población de ballenas de aleta del Golfo de California es vital no solo para su supervivencia, sino también para la salud del entorno marino en el que habitan. La comunidad científica y organizaciones civiles continúan su labor para proteger estas impresionantes criaturas que, hasta ahora, han logrado resistir la presión del desarrollo industrial en su hogar.
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