Desde el 25 de diciembre y hasta el 10 de enero, el Castillo de Chapultepec se convierte en el escenario mágico de una gran celebración navideña, _Navidades en México_, un ritual escénico emblemático que ha perdurado casi dos décadas. Este evento, que reúne a más de 100 bailarines y músicos, así como a un coro de 26 voces, pone en escena las ricas tradiciones mexicanas bajo la dirección de Salvador López López, nieto de la icónica Amalia Hernández, fundadora del Ballet Folklórico de México.
La historia de esta producción es fascinante. Su llegada al Castillo fue inicialmente un hecho accidental, motivado por la remodelación del Palacio de Bellas Artes. Sin embargo, con el tiempo, el entorno del castillo se ha integrado a la escenografía, añadiendo una mágica dimensión a la producción. Este año, el montaje se estructura en tres actos que ofrecen una reflexión profunda sobre la celebración de la Navidad en la cultura popular mexicana. La representación comienza con la Anunciación y el nacimiento viviente, acompañada por dulces villancicos que datan de los siglos XVIII y XIX, sumergiendo al espectador en una atmósfera de tradición.
El recorrido incluye danzas de diversas regiones, como Guerrero, Chiapas, Oaxaca y Veracruz, donde se presentan piezas que no habían sido mostradas en años. La clausura del espectáculo congrega a los asistentes en una tradicional posada, un momento en el que los peregrinos, las velas encendidas y la piñata cobran vida, simbolizando tanto la lucha contra los siete pecados capitales como la fortaleza de la comunidad.
Más allá de su valor estético, el Ballet Folklórico de México busca educar y acercar a nuevas generaciones a un legado cultural que, en ocasiones, parece desvanecerse en la vorágine de la vida moderna. Según López, el principal reto es alcanzar a niños y jóvenes que quizás nunca han tenido la oportunidad de conocer la riqueza del ballet folclórico, con la esperanza de que estas experiencias refuercen el vínculo entre el público y la compañía.
La música, casi completamente en vivo, agudiza esa conexión emocional con las festividades a través del tiempo y los espacios. El director enfatiza la importancia de equilibrar la fidelidad a las tradiciones con la necesaria actualización de las danzas, adaptándolas al lenguaje contemporáneo del espectáculo. Este año, se han incorporado elementos visuales innovadores, como el _videomapping_, que complementan la arquitectura del castillo sin sacrificar la esencia del montaje.
Realizar _Navidades en México_ en un lugar patrimonial implica afrontar varios desafíos, como las inclemencias del tiempo y las limitaciones de un espacio al aire libre. Sin embargo, esta audaz decisión amplía el alcance cultural del evento, acercando al público a un entorno emblemático mientras se celebran expresiones artísticas que trascienden el mainstream.
Con más de 65 años de trayectoria en el Palacio de Bellas Artes y más de 45 millones de espectadores, el Ballet Folklórico de México se reafirma como un guardián y divulgador de las danzas del país, contribuyendo a mantener vivas tradiciones que, de otro modo, podrían perderse.
Así, desde el Castillo de Chapultepec, el público está invitado a ser parte de un viaje cultural inolvidable, que, a través de la danza y la música, revive las celebraciones de un pueblo y sus tradiciones.
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