Tras seis años de ausencia, la danza clásica ha vuelto a cautivar a quienes, como yo, se han atrevido a reconectar con su pasión por el ballet. Este regreso, sin embargo, está teñido de melancolía. Recordar por qué dejé atrás este arte me resulta difícil: mis pies planos me hicieron sentir que no estaba hecha para danzar. Es bien sabido que el ballet exige mucho de los pies, especialmente cuando se trata de bailar con zapatillas de punta, donde la totalidad del peso del cuerpo recae sobre la punta de los dedos. La lucha por alcanzar la técnica de punta me llevó a cuestionar mi propio cuerpo, una percepción completamente errónea, ya que hay bailarines profesionales con pies planos que triunfan en el escenario.
La danza, lamentablemente, sigue atrapada en estándares estéticos en los que se idolatran los arcos perfectos. Esta obsesión tradicional por los pies de arco alto ha llevado a algunas bailarinas a utilizar “farches” o arcos falsos, ofreciendo la ilusión de una mayor flexibilidad.
Ejemplos inspiradores como Alex Maureen y Ruth Essel, dos bailarinas afrodescendientes de diferentes lados del Atlántico, ilustran este reto. Maureen es instructora de danza en la Universidad de Nueva York, mientras Essel ha creado Pointe Black, una escuela de ballet en Londres. Ambas, a pesar de tener pies planos, rechazan la noción de que esta característica limite su éxito. Esta experiencia se ha visto reflejada en las aulas, donde las creencias erróneas sobre los pies pueden desalentarse, evidenciándose en comentarios desmotivadores de algunos docentes.
Estudios han demostrado que las personas afrodescendientes tienden a tener pies planos, pero esto no significa que todos lo tengan. Maureen y Essel han desafiado estas creencias negativas a través de la investigación y la conversación, reconociendo que el desempeño en la técnica de punta no se basa únicamente en la forma del arco, sino en la combinación de fuerza y flexibilidad en el pie y el tobillo, así como en el fortalecimiento de la parte inferior de las piernas y el abdomen.
La prevención de lesiones es igualmente crucial para los bailarines con pies planos, quienes a menudo aterrizan sobre los talones. A través de sus propias experiencias, Maureen y Essel también han resaltado la responsabilidad de los educadores para superar los estigmas y adaptar su enseñanza a distintos tipos de cuerpo, buscando el apoyo de especialistas cuando sea necesario.
“Hasta la fecha, nunca he conocido a un especialista en calzado para ballet afrodescendiente en el Reino Unido”, comenta Essel, quien ha tenido la fortuna de contar con fisioterapeutas negros que ayudan a evaluar la postura y los pies de sus alumnos antes de ajustar el calzado.
Ambas bailarinas han desarrollado listados de verificación para preparar a sus estudiantes antes de usar zapatillas de punta. Con el propósito de adaptar el calzado a las necesidades individuales, Maureen incluso modifica la parte rígida de las zapatillas para que se ajusten mejor al arco del pie, enfatizando: “No es que los pies planos no sean aptos para el trabajo en punta. Solo necesitas que tu zapato trabaje para ti, no en tu contra.”
Reflexionando sobre su trayectoria, muchos abandonan el ballet cuando la técnica de punta se torna incómoda. Yo misma fui una de ellas. A medida que la danza se tornaba más exigente en la adolescencia, mi debilidad en el desempeño de la técnica de punta se hacía evidente. A pesar de mis esfuerzos, la falta de explicaciones y alternativas adecuadas por parte de los especialistas truncó mi entusiasmo.
Hoy, Maureen nos recuerda a todas las aspirantes a bailarinas con pies planos: “Date gracia. Sé amable contigo misma”. Estas palabras se han convertido en una guía en mi reinicio en el ballet, al aprender a ver mis pies como una fortaleza y no como una debilidad en mi danza.
Esta actualización, con fecha de marzo de 2026, resalta un momento crucial en la danza, donde se lucha por romper estigmas y empoderar a aquellos que desean perseguir sus sueños, independientemente de la forma de sus pies.
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