Recientemente, los resultados de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024 (ENIF 2024) han llamado la atención sobre la situación de la inclusión financiera en México. Durante el lanzamiento de este informe, Jesús de la Fuente Rodríguez, presidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), destacó que la participación en el sistema financiero es clave para fomentar el bienestar y la equidad de oportunidades. De manera similar, Edgar Amador Zamora, secretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP), subrayó que la inclusión financiera es fundamental para mejorar la calidad de vida y reducir las desigualdades.
Un análisis de los productos financieros muestra un crecimiento notable en la tenencia de estos entre la población adulta mayor, mayormente impulsado por la apertura de cuentas bancarias destinadas a recibir la pensión universal. Sin embargo, este aumento en la bancarización no se traduce en una inclusión financiera real.
De acuerdo con la ENIF 2024, el 76.5% de la población mexicana posee al menos un producto financiero, un aumento significativo con respecto al 68.3% registrado en 2018. Destaca el crecimiento del grupo de adultos mayores (64-70 años), que incrementó su tenencia en 20.5 puntos porcentuales, alcanzando un 88.4%. Sin embargo, al excluir las cuentas creadas exclusivamente para recibir apoyos gubernamentales, la tenencia se reduce drásticamente a 57.6%, evidenciando una diferencia de 30.8 puntos porcentuales. A modo de referencia, en 2018, la tenencia pasaba del 67.9% al 51.9% bajo un cálculo similar, mostrando que el incremento real en seis años ha sido de sólo 5.7 puntos porcentuales.
Una pregunta que surge es si este crecimiento en la apertura de cuentas para apoyos gubernamentales ha generado una mayor participación financiera entre los adultos mayores. Al revisar la dimensión de ahorro formal, componente que incluye las cuentas de apoyo, se observa que la proporción de personas que afirmaron ahorrar pasó del 43.6% en 2021 al 47.3% en 2024. No obstante, entre los adultos de 64 a 70 años, este porcentaje cayó de 31.2% a 28.9%.
Una posible interpretación es que, aunque la pensión universal ayuda a cubrir necesidades inmediatas, no proporciona la capacidad de ahorro necesaria para enfrentar contingencias propias de esta etapa de la vida. Así, la bancarización promovida puede ser vista como un paso en la dirección correcta, pero no es una solución definitiva.
Además, queda la tarea de demostrar empíricamente si las afirmaciones sobre los beneficios de la inclusión financiera se sostienen. En este sentido, se anticipa que el próximo informe del CEEY sobre movilidad social e inclusión financiera aportará información valiosa en este debate.
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