Desde hace 27 años, la Universidad de Guadalajara rinde homenaje a José Atanasio Monroy, un destacado pintor jalisciense cuyas obras, aunque menos reconocidas que las de otros muralistas como Rivera, Orozco y Siqueiros, han dejado una huella significativa en la interpretación visual de su época. Monroy, quien destacó tanto en la pintura de caballete como en el muralismo, es recordado no solo por su talento, sino también por su enfoque en el reflejo de la vida cotidiana y la cultura de México.
Inicialmente, este certamen comenzó como un premio local de pintura destinado a impulsar a jóvenes artistas de Jalisco. Sin embargo, desde 2012 se ha transformado en la Bienal de Pintura José Atanasio Monroy, alcanzando ya su VIII edición. Ricardo Duarte, coordinador de Artes Plásticas, Visuales y Digitales de Cultura UDG y director de la Bienal, comparte su visión sobre la historia y evolución de este evento, que originalmente convocaba solo a artistas locales. Duarte recuerda cómo, junto a Valentina Arreola, ayudaron a dar vida a la primera convocatoria del premio en Autlán.
A lo largo de los años, la Bienal se ha consolidado como un espacio crucial para el fomento de la creación artística y la reflexión crítica. Según Duarte, este evento permite el diálogo entre artistas emergentes y creadores consolidados, proporcionando un contexto en el que se analizan y discuten las obras que surgen, reflejando preocupaciones y lenguajes pictóricos de distintas generaciones.
Uno de los aspectos más interesantes de la Bienal es su capacidad para capturar el pulso del arte pictórico en México. Duarte enfatiza que se ha convertido en un documento vivo que permite observar las inquietudes contemporáneas y el retorno a lo figurativo, un fenómeno que se ha intensificado desde la pandemia. Aunque en años recientes lo abstracto dominaba la escena artística, la crisis sanitaria ha provocado un resurgimiento de las técnicas tradicionales.
Este evento también ha visto el resurgimiento de temas vinculados a la condición humana, como el sentido de la vida, la precariedad y el recuerdo. La pintura se erige, así, como un medio para interpretar el pasado, reflexionar sobre el presente y proyectar visiones futuras.
La mecánica de la Bienal es rigurosa: un jurado de reconocida trayectoria evalúa físicamente las obras y selecciona unas 60 piezas, entre las cuales se conceden premios en dos categorías: artísticas consolidadas y emergentes. Los ganadores reciben premios que oscilan entre 50,000 y 150,000 pesos y sus obras se exhiben en el Centro Universitario de la Costa Sur en Autlán, donde se celebra la ceremonia de premiación en octubre. Posteriormente, la exposición recorre diversos museos del país durante dos años, asegurando que el trabajo de los artistas ganadores alcance un público más amplio.
Finalmente, la convocatoria para la VIII Bienal de Pintura José Atanasio Monroy permanecerá abierta hasta el 22 de junio de 2026, ofreciendo una plataforma vital para artistas que buscan expresarse y participar en el diálogo artístico nacional. Esta edición mantiene como premios un total de 150,000 pesos para el primer lugar en la categoría de consolidados, mientras que los emergentes podrán recibir hasta 120,000 pesos en su categoría.
José Atanasio Monroy, quien nació el 19 de abril de 1909 en Ejutla, Jalisco, y falleció el 19 de febrero de 2001, es un referente del arte mexicano. Su obra, que abarca más de 3,000 piezas, continúa siendo un testimonio del costumbrismo y la vida cotidiana de su época, y a través de la Bienal, su legado perdura y se celebra en el presente.
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