Bill y Melinda Gates emitieron el pasado lunes un comunicado conjunto en el que anunciaron su divorcio tras 27 años de matrimonio. Como no podía ser de otra modo, lo hicieron utilizando sus cuentas de Twitter, un medio tecnológico para quien revolucionó el mundo con la creación de Microsoft, la compañía de software más grande, y el sistema operativo Windows. La notificación, más allá del significado sentimental y personal que tiene para sus protagonistas y sus tres hijos —Jennifer, Rory y Phoebe, de 25, 21 y 18 años respectivamente—, se ha convertido en un hito global con repercusión e interpretaciones en los principales medios de comunicación. No en vano Bill Gates, 65 años, es el cuarto hombre más rico, con una fortuna que Forbes estima en más de 130.000 millones de dólares (más de 108.000 millones de euros), y como pareja presiden la Fundación Bill y Melinda Gates que crearon en el año 2000 y se ha convertido en la fundación benéfica privada más grande del mundo. De hecho, esta misma revista proclama a Melinda Gates, de 56 años, “la mujer más poderosa de la filantropía”, un lugar en el que se ha forjado un nombre por méritos propios.
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Tras el anuncio de su divorcio, en el que dan por “irremediablemente roto su matrimonio”, comienzan los interrogantes sobre las consecuencias de esta separación que tiene también repercusiones en lo económico, ya que los documentos judiciales presentados por la pareja revelan que no firmaron ningún acuerdo prenupcial cuando se casaron en 1994. La Fundación creada por ambos, que maneja un fondo de 50.000 millones de dólares con el que han ayudado a causas como la erradicación de la polio y la malaria y, en este último año, a investigación sobre tratamientos para el coronavirus, parece que continuará su actividad al margen de la relación personal de sus fundadores. Al menos así se han encargado de anunciarlo ellos mismos en su comunicado: “Durante los últimos 27 años, hemos criado a tres niños increíbles y construido una base que funciona en todo el mundo para permitir que todas las personas lleven vidas saludables y productivas. Continuamos compartiendo nuestra creencia en esa misión y continuaremos nuestro trabajo juntos en la fundación, pero ya no creemos que podamos crecer juntos como pareja en esta próxima fase de nuestras vidas”.
Sin embargo, a pocos le quedan dudas sobre que ambos habrán planificado los grandes rasgos de su acuerdo de separación previamente al anuncio de la misma, más si se tiene en cuenta que, como contó Melinda Gates, el que va a ser pronto su exmarido sopesó en una pizarra los pros y los contras de su matrimonio antes de pedirle que se casara con él. Según una información publicada por el diario británico Daily Mail, los Gates habrían realizado gran parte de este trabajo de dividir sus bienes antes de presentar los documentos judiciales para tramitar su divorcio. En dichos documentos hay múltiples referencias a un “contrato de separación” que ambos han firmado. Un contrato que no se ha hecho público pero en el que supuestamente habrán llegado a acuerdos sobre la división de su patrimonio que incluye propiedades en cincos Estados de Estados Unidos, un avión privado, una importante colección de arte y una flota de vehículos de lujo.
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