A pocos días del inicio de la revisión conjunta del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), programada para el 1 de julio, el panorama para el acceso a medicamentos biosimilares en México se encuentra en una encrucijada crítica. La situación trasciende lo industrial y comercial, afectando directamente a miles de pacientes que continúan esperando años para acceder a tratamientos más asequibles que ya están disponibles en sus países vecinos.
Actualmente, México se enfrenta a un notable rezago en la disponibilidad de biosimilares, que son réplicas de biotecnológicos esenciales para el tratamiento de enfermedades complejas. Mientras en Estados Unidos y Canadá la oferta de estos medicamentos ha crecido de manera sostenida, en nuestro país muchos de ellos tardan años en alcanzar el mercado. Esta brecha no solo limita las opciones terapéuticas para los pacientes, sino que también mantiene elevados los costos del sistema de salud.
José Luis Cárdenas Tomažič, experto en políticas de salud y director de Thera Health Policy & Access, destaca que esta revisión presenta tanto riesgos como oportunidades para México. Uno de los principales riesgos es el posible endurecimiento de los estándares de propiedad intelectual farmacéutica, lo que podría incluir la protección de datos de prueba y modificaciones en el sistema de vinculación de patentes entre el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) y la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris). Cárdenas advierte que si las negociaciones introducen estándares más exigentes, podría profundizarse el rezago en el acceso a tratamientos biosimilares.
No obstante, el contexto de la revisión del T-MEC también abre una puerta para las empresas mexicanas que producen o desarrollan productos biotecnológicos. A día de hoy, existe una tensión entre las reglas de origen del T-MEC y los criterios de la aduana estadounidense. Mientras que el tratado considera como originario a un medicamento fabricado en el país que realiza la transformación sustancial, Estados Unidos se rige por el origen del principio activo. Esta divergencia crea incertidumbre para las exportaciones mexicanas.
Si durante la revisión se logra mayor claridad y alineación en las reglas de origen, las empresas mexicanas podrían beneficiarse de un acceso más fácil al mercado estadounidense, evitando barreras arancelarias adicionales. De este modo, la misma negociación que podría complicar la llegada de biosimilares al país también podría facilitar la exportación de estos productos hacia mercados más amplios y exigentes.
El verdadero desafío radica, según Cárdenas, en alcanzar un equilibrio que proteja la innovación y fomente la competencia. Un acuerdo acertado debería evitar que el rezago actual se agrave, al tiempo que permita que la industria biotecnológica mexicana compita en igualdad de condiciones en Norteamérica. La revisión del T-MEC no es solo un ejercicio comercial; representa una oportunidad crucial para determinar el tipo de ecosistema de medicamentos biológicos que México desea construir.
Las decisiones que se tomen en las próximas semanas tendrán un impacto directo y duradero en el acceso a tratamientos de alto costo en el país. Aprovechar esta coyuntura dependerá, sin duda, de la habilidad de México para defender, en la mesa de negociación, tanto el acceso oportuno a biosimilares como el desarrollo de una capacidad de manufactura sólida.
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