La escena en el imponente Mas Monumental el pasado 19 de abril de 2026 era digna de un superclásico: más de 85,000 almas llenaban las gradas, deseosas de ver a su equipo reivindicarse en un duelo muy esperado contra Boca Juniors. Un partido que se tornó complicado para River Plate, pero que terminó con una resurgente victoria gracias a un solitario gol de Leandro Paredes desde el punto penal, justo en los momentos finales de la primera parte.
Este triunfo fue especialmente significativo, ya que cortó la racha de cinco victorias consecutivas en la liga que había logrado Boca bajo la dirección de su nuevo entrenador, Eduardo Coudet, y marcó la primera derrota del equipo en el Monumental desde 2017. El ambiente era eléctrico desde el inicio, cuando River salió decidido a tomar el control con la entrega de Acuña, quien generaba peligro con sus centros desde la izquierda.
Sin embargo, el partido dio un giro inesperado cuando la lesión de Driussi a los 20 minutos alteró el enfoque del encuentro. Aunque Boca luchó por estabilizarse en el partido, el primer tiempo estuvo marcado por las interrupciones, contabilizando 17 faltas que cortaron el ritmo del juego. Fue solo en el tiempo de descuento que se definió el destino del primer acto, con un penalti convertido por Paredes tras mano de Lautaro Rivero.
El vestuario al descanso trajo cambios en la alineación de River, con Coudet decidido a corregir el rumbo. En la segunda mitad, Boca mostró un mejor desempeño, acercándose al segundo gol, pero Merentiel desperdició una oportunidad clara en un mano a mano. A pesar del empuje de los ‘xeneizes’, el público comenzó a inquietarse al ver cómo River carecía de respuesta. Fue la entrada del joven Joaquín Freitas lo que pareció reactivar a River, que finalmente comenzó a generar ocasiones y recuperar la posesión.
A medida que el partido avanzaba, la tensión aumentaba. Boca, que parecía desgastarse, vio como Paredes dejaba el campo para dar paso a Ander Herrera, quien se decidió a llevar la capitanía. Los últimos minutos fueron frenéticos, con cambios tácticos desesperados por parte de Coudet, quien introdujo a Ian Subiabre en busca del gol del empate. Sin embargo, la claridad y precisión en ataque faltaron a River en los momentos decisivos.
El partido culminó con un triunfo que dejó a Boca celebrando, pero no sin dejar a sus seguidores en vilo, ya que la posibilidad de un penalti a favor de River en el tiempo adicional pendía en el aire. Este superclásico no solo fue un espectáculo histórico, sino que también potenciaba la rivalidad que marca la esencia de estos enfrentamientos en el fútbol argentino. Los ecos de este partido resonarán en las memorias de los aficionados, reforzando la narrativa rica y emocional que siempre acompaña a los encuentros entre estos dos gigantes.
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