El Air Force One es el avión en que viaja el presidente de Estados Unidos. Está dotado de todo tipo de avances tecnológicos y de seguridad. Boeing viene siendo el proveedor del avión presidencial desde 1962, en tiempos de John F. Kennedy, y se supone que eso le aporta imagen y prestigio. Sin embargo, el último contrato firmado por Boeing con el presidente Donald Trump para suministrar dos nuevos 747-8 que hagan las funciones de Air Force One se ha convertido en una pesadilla para la compañía, que está sufriendo pérdidas millonarias con ese contrato y se arrepiente de haberlo firmado.
La compañía comunicó ayer a la Comisión de Valores y Bolsa de Estados Unidos (la SEC, por sus siglas en inglés), que las pérdidas acumuladas en este acuerdo de 4.300 millones de dólares (cerca de 4.100 millones de euros) aumentaron en 660 millones de dólares en el primer trimestre de este año, hasta sumar ya 1.146 millones. Y la cosa puede empeorar: “Persiste el riesgo de que tengamos que registrar pérdidas adicionales en periodos futuros”, dice en su comunicación a la SEC la empresa, que culpa de esas pérdidas a mayores costes de proveedores y de completar ciertos requisitos técnicos y a retrasos en la ejecución del programa.
El consejero delegado de la compañía, Dave Calhoum, confesó este miércoles en una conferencia con analistas para presentar los resultados del primer trimestre que firmar ese contrato fue un error. “El Air Force One es un momento único, una negociación única, una serie de riesgos únicos que Boeing probablemente no debería haber tomado”, señaló. “Pero estamos donde estamos y vamos a entregar grandes aviones”, añadió, según la transcripción íntegra de la conferencia con analistas recogida por Bloomberg.
Los 660 millones de dólares de pérdidas generadas en el trimestre por ese contrato contribuyeron a que Boeing tuviera unos números rojos de 1.242 millones de dólares, más del doble que en el mismo periodo del año anterior. Los ingresos cayeron un 8%, hasta los 13.991 millones de dólares. También pesó un cargo de 367 millones en el programa del avión militar T-7A Red Hawk por sobrecostes derivados de las presiones inflacionistas, el atasco en la cadena de suministros y la covid. A ese se unió otro cargo de 212 millones que la compañía atribuye a la guerra de Ucrania.
Las acciones de Boeing se han desplomado un 7,5% este miércoles en Bolsa después de publicar los resultados. Las acciones han cerrado la sesión en Wall Street en 154,46 dólares, su nivel más bajo desde noviembre de 2020.
Una negociación de Trump
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Los actuales aviones presidenciales cuentan con una suite presidencial, habitaciones para sus acompañantes, sala de conferencias, equipos de seguridad, médicos y de comunicaciones avanzados que permiten al presidente ejercer sus funciones desde el aire mientras viaja o en caso de necesidad. El contrato del Air Force One fue firmado en febrero de 2018 por Trump y por el entonces consejero delegado de la compañía, Dennis Muilenberg, y contempla la entrega de dos nuevos aviones 747-8 adaptados a las necesidades de la Presidencia.
Boeing is proud to build the next generation of Air Force One, providing American Presidents with a flying White House at outstanding value to taxpayers. President Trump negotiated a good deal on behalf of the American people. pic.twitter.com/m0HtGfXVlv
— The Boeing Company (@Boeing) February 27, 2018
Trump amenazó con cancelar el pedido, realizado antes de asumir la Presidencia, y logró finalmente una rebaja. Cuando se firmó el nuevo acuerdo, Boeing tuiteó desde su cuenta oficial: “Boeing se enorgullece de construir la próxima generación del Air Force One, proporcionando a los presidentes estadounidenses una Casa Blanca voladora con un precio excepcional para los contribuyentes. El presidente Trump ha negociado un buen acuerdo en nombre del pueblo estadounidense”. El que no negoció un acuerdo tan bueno fue Boeing.
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