El expresidente brasileño Jair Bolsonaro ha pasado a prisión domiciliaria en su residencia en Brasilia, tras una decisión judicial que lo exime de regresar a la cárcel. Esta medida se produce luego de dos semanas de hospitalización debido a una bronconeumonía. La salud de Bolsonaro, que ha sido un tema recurrente en su vida pública desde un intento de asesinato en 2018, fue considerada suficiente justificación para este cambio, según su médico, Brasil Caiado, quien declaró que el exmandatario recibió el alta y su estado es “más o menos equilibrado”.
Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por golpismo tras perder las elecciones de 2022 ante Luiz Inácio Lula da Silva, fue trasladado al hospital el 13 de marzo desde la prisión de Papuda, donde se encontraba recluido. Después de una semana en terapia intensiva y otro tiempo en una habitación común, su situación se volvió lo suficientemente grave como para que el juez Alexandre de Moraes decidiera otorgarle el beneficio de la prisión domiciliaria, por razones “humanitarias”, y por un periodo de 90 días que podría ser prorrogable.
La llegada del exdignatario a su hogar fue observada por medios de comunicación, mostrando a Bolsonaro cubierto con un chaleco antibalas y celebrando su retorno. En sus redes sociales, su esposa, Michelle Bolsonaro, expresó su agradecimiento, destacando la felicidad de sus perros al verlo en casa. Flávio Bolsonaro, su hijo y precandidato presidencial, comentó que su padre debería recibir justicia por las injusticias sufridas en los últimos años.
En su domicilio, el exlíder debe usar una tobillera electrónica y tiene prohibido utilizar teléfono celular, redes sociales o grabar contenido audiovisual. Las visitas quedan restringidas a familiares directos, abogados y médicos. Cabe recordar que Bolsonaro ya había estado en prisión domiciliaria anteriormente, pero fue recluido nuevamente en noviembre tras dañar su tobillera.
A finales de abril, se programó una artroscopia en el hombro derecho para tratar problemas articulares, añadiendo un nuevo capítulo a su complicada historia médica. Esta última interna hospitalaria es solo uno de los muchos problemas de salud que ha enfrentado desde su lesión en 2018.
El contexto de su liberación se inscribe en un ambiente político tenso, a menos de siete meses de las elecciones presidenciales de octubre, donde su hijo Flávio se postula como candidato de la derecha. Las encuestas previas a estos comicios reflejan un empate técnico entre Flávio Bolsonaro y Lula, lo que tensa aún más el clima político en Brasil.
En esta ocasión, el escenario sugiere un renovado enfoque en las dinámicas de poder, mientras las palabras de Flávio Bolsonaro resuenan: es un avance hacia la justicia no solo para su padre, sino para otros que consideran “presos políticos”. El regreso a su hogar marca un hito en la vida de Bolsonaro y podría tener implicaciones significativas en el panorama político brasileño.
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