A menos de un mes de su triunfo electoral el 19 de diciembre y a pocos días de que anuncie su Gabinete, el futuro presidente de Chile, el izquierdista Gabriel Boric, ha tenido este jueves su primer cara a cara con el gran empresariado chileno desde que resultó electo.
Lo hizo en el evento del sector de mayor importancia del país, Enade, en un discurso donde ratificó su intención moderada y de apertura al diálogo y que, sorpresivamente, arrancó rompiendo esquemas. En vez de citas de políticos, Boric comenzó su intervención con el poema Cementerio de Punta Arenas —su ciudad natal, en el extremo sur del país—, del chileno Enrique Lihn. Es un escrito que se refiere a uno de los asuntos que mayormente preocupan al militante del Frente Amplio que llegará a La Moneda el 11 de marzo próximo, la desigualdad.
“Ni aun la muerte pudo igualar a estos hombres, que dan su nombre en lápidas distintas, o lo gritan al viento del sol que se los borra: otro poco de polvo para una nueva ráfaga”, comienza la pieza que escribió en 1963 Linh, uno de los referentes literarios de Boric, muy lector de poesía.
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En estas semanas donde se organiza el cambio de mando, Boric se ha esmerado en mostrar que su interpretación del triunfo tiene relación, justamente, a la capacidad que mostró entre primera y segunda vuelta de convocar a mundos diferentes, los del Frente Amplio y el Partido Comunista, las dos principales fuerzas que sostienen su coalición.
Ante los empresarios este jueves, Boric habló de generar condiciones de estabilidad, diálogo, gradualidad y responsabilidad fiscal, pero a su vez se hizo cargo de la agenda de transformaciones profundas que busca desplegar entre 2022 y 2026, los cuatro años de su Gobierno. Describió que “el grueso de la población vive rodeada de incertidumbre” y manifestó que tenía la “convicción” de que todos los presentes —entre los que estaba Juan Sutil, presidente de la gremial Confederación de la Producción y el Comercio, CPC, entre otros líderes empresariales— no querían repetir la historia.
Se refería al estallido social de octubre de 2019 que puso contra las cuerdas a la institucionalidad chilena y que abrió paso al proceso constituyente. “Nuestro actual status quo frena el desarrollo económico y profundiza el malestar social. Ya lo vimos el 2019, y si no avanzamos en soluciones materiales de la mano de las institucionales (que se discuten hoy en el proceso constituyente), no habremos solucionado las causas que nos llevaron al estallido social”, analizó Boric, vestido de traje y sin corbata.
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“Nadie se va a salvar solo”, aseguró Boric en su intervención, en un centro de eventos de Huechuraba, la zona norte de Santiago, donde reforzó la intención redistributiva de su agenda económica y pidió el compromiso de los empresarios. Para Boric, “no puede haber crecimiento sostenible sin una justa distribución de la riqueza” y explicó que su plan de Gobierno tiene tres ejes centrales: fortalecer la red de protección social, empujar a la economía chilena de su “estancamiento productivo, que lleva casi 10 años” y enfrentar “decididamente” la crisis climática. Habló que en sus cuatro años de gestión buscará generar “condiciones sostenibles de estabilidad para todos los miembros de la sociedad”, lo que, dijo, incluye a las empresas.
Aprovechó la ocasión para intentar calmar las altas expectativas que genera su Administración, sobre todo en los 4,6 millones de personas que le votaron en segunda vuelta. “Es importante que todos ponderemos las expectativas”, aseguró Boric, ejemplificando con problemas urgentes para Chile, como el aumento de campamentos o la informalidad laboral.
Y se refirió a lo que entiende por radicalidad, como muchas veces se le ha descrito. “Ningún cambio estructural se logra de la noche a la mañana. La radicalidad no está en quién grita más fuerte, ni en quién más adjetivos pone a sus oraciones, o cuántas esdrújulas pone en sus discursos. La radicalidad está en la capacidad de convocatoria, en hacer sentido a grandes mayorías sostenibles en el tiempo, y que haga de las reformas grandes consensos en la sociedad que nos permitan una vida más justa”, dijo Boric, que en su misma coalición tiene a fuerzas que preferirían transformaciones más aceleradas.
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En un evento donde los líderes empresariales le pidieron moderación —el propio Sutil dijo que Boric parecía tener claro que debía gobernar para todos—, habló de inversión, de empleo y de un Gobierno ecologista. Y especificó en el espíritu de su reforma tributaria, con una carga en torno a cinco puntos del PIB en cuatro años. “Esta reforma tributaria no debe ser vista como la reforma tributaria de mi Gobierno ni como un enfrentamiento entre clases sociales, entre buenos y malos. Debe verse como un nuevo pacto fiscal, que sea producto de un diálogo social amplio, no dilatorio, y cuyos cambios sean duraderos”, aseguró Boric, que propone avanzar a un régimen “más parecido al que tienen la mayoría de los países de la OCDE, tanto en términos de recaudación como en progresividad”.
Fueron parte de las señales previas que el presidente electo de Chile entrega al sector privado pocos días antes de un anuncio que espera tanto la escena política chilena, como los mercados: el nombre de su ministro o ministra de Hacienda, que dará luces en buena medida del tono que busca darle a su Administración.
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