La reciente declaración de Clara Brugada Molina, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, ha encendido el debate sobre la gentrificación en la capital. A pocas horas de una manifestación que busca visibilizar el encarecimiento de la vivienda y los servicios, la mandataria se manifestó en contra de este fenómeno que afecta a colonias icónicas como Condesa, Roma, Doctores y Obrera.
Brugada enfatizó que el encarecimiento de la vivienda se debe, en gran parte, a la llegada de ciudadanos extranjeros que, al pagar en dólares, incrementan los precios de renta, haciendo cada vez más inaccesible la vivienda para los residentes locales. “Defendemos el derecho a la ciudad para quienes aquí nacieron y para quienes aquí la han hecho su hogar”, afirmó.
La jefa de Gobierno también condenó cualquier tipo de violencia y actitudes xenófobas cargadas de odio que se manifestaron durante la protesta reciente. En un contexto donde el grito “Gentrificación no es progreso, es despojo” resonaba entre los manifestantes, Brugada reafirmó el compromiso de garantizar un espacio de inclusión y respeto.
Además, se comprometió a buscar alternativas que permitan redensificar la ciudad de manera sostenible, sin que esto implique el desplazamiento de los habitantes originales. Enfrentando el reto de un mercado de vivienda enfriado, donde solo se han construido 643 nuevas unidades formales en los primeros cinco meses de 2025, la administración busca crear un entorno más incluyente que no convierta a la metrópoli en un espacio exclusivo para unos pocos.
La discusión sobre gentrificación cobra relevancia en una ciudad que busca equilibrar el desarrollo urbano con la administración de sus recursos. La jefa de Gobierno recordó que, en su búsqueda por una Ciudad de México más integrada, cualquier forma de regeneración debe ser cuidadosamente diseñada, priorizando la sustentabilidad y la comunidad.
La gentrificación, como término, se refiere a un proceso de renovación urbana que trae consigo la llegada de personas con mayor poder adquisitivo a barrios en situación de vulnerabilidad, provocando desplazamientos y alterando las dinámicas sociales y culturales de las comunidades originales. Este fenómeno no solo tiene implicaciones económicas, sino que también compromete la identidad y cohesión social de los barrios.
A medida que estos debates continúan, la administración de Clara Brugada se enfoca en responder a las crecientes demandas de una ciudad que necesita adaptarse a los cambios sin sacrificar su rica diversidad cultural y social. La lucha contra la gentrificación se convierte, así, en un desafío crucial para definir el futuro de la Ciudad de México, donde cada voz cuenta en la construcción de un espacio más justo y equitativo.
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