La reciente obra de la artista Jade Guanaro Kuriki-Olivo, conocida como Puppies Puppies, está generando un intenso debate en torno a la emblemática figura de la libertad en los Estados Unidos. Su escultura titulada Liberté Morte (Dead Liberty) de 2025, se presenta como una poderosa crítica a la imagen de la Estatua de la Libertad y lo que representa en el contexto actual.
El origen de esta pieza se remonta a 2016, cuando la artista realizó una exposición individual en París. Durante este tiempo, reflexionó sobre los intercambios culturales entre Francia y Estados Unidos. En sus experiencias previas, trabajó para Liberty Tax, donde se utilizaban disfraces de la Estatua de la Libertad para atraer a los clientes. En su desempeño como estatua, que presentó en el Whitney Biennial de 2017, Kuriki-Olivo exploró la construcción de identidad y la percepción pública de estos símbolos.
Un tema recurrente en su obra ha sido el color verde, que inicialmente consideró como el favorito de su madre, aunque luego descubrió que no lo era. Sin embargo, su fascinación por este color ha evolucionado, llevándola a analizar su significado en la naturaleza y sus connotaciones emocionales. Desde la mezcla del azul y el amarillo, que da como resultado el verde, hasta su representación de la felicidad y la tristeza, ha creado un código estético que la guía en sus decisiones artísticas.
Kuriki-Olivo comenzó a trabajar en Liberté justo antes de la elección de Donald Trump como presidente, lo que la llevó a cuestionar la imagen de libertad, bienvenida y aceptación que representa la figura. Usando un disfraz que se asemejaba al de los performers cerca de la estatua, transmitió un mensaje sobre el estado actual de la sociedad y el simbolismo de esos disfrazados, predominantemente masculinos.
Diez años después de su primera performance, Liberté Morte busca comentar sobre el cambio en la percepción de la libertad en Estados Unidos. Este símbolo, que alguna vez fue un faro de bienvenida, ahora es una representación de la división y la hostilidad. La artista recurre a elementos sobrecargados de significado para conectar con un público más amplio, destacando la relación que todos tenemos con estos íconos.
Además, Kuriki-Olivo ha implementado el uso de esqueletos en su trabajo, que considera una forma mínima de representar el cuerpo humano. En este contexto, emerge una representación de la estatua como un esqueleto encapsulado en hielo, que llevará a futuras exploraciones como Frozen Liberty para 2026. Esta elección no solo refleja la crítica hacia el cambio climático, sino también a las políticas migratorias que han afectado a innumerables personas en el país, simbolizando la violencia de la agencia de inmigración ICE.
Reflejando las palabras de la icónica Nina Simone, la artista enfatiza que la responsabilidad del artista es, en esencia, un reflejo de los tiempos en los que se vive. Así, mediante su obra, Kuriki-Olivo no solo reconoce su propia historia, sino que también establece un vínculo con la historia más amplia de Estados Unidos, instando a la audiencia a contemplar la verdadera naturaleza de la libertad en un mundo que continuamente desafía su significado.
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