En el vasto universo de los videojuegos, los títulos que dieron inicio a la legendaria saga de Grand Theft Auto (GTA) tienen poco en común con la colossal franquicia que conocemos hoy en día. Sin embargo, en sus inicios se pueden vislumbrar las semillas de lo que eventualmente se convertiría en un fenómeno cultural. Los primeros juegos son shooters en vista cenital donde los jugadores acumulan puntos al avanzar en sus misiones en extensos paisajes urbanos. Con un estilo arcade, los usuarios se sumergían en la vida del crimen, cumpliendo encargos para poderosos mafiosos mediante llamadas telefónicas realizadas desde cabinas, en una representación de la década de los 90.
El primer título de la serie trae consigo versiones rudimentarias de las ciudades que más tarde dominarían la saga: Liberty City, San Andreas y Vice City. La secuela, ambientada en una metrópoli futura denominada Anywhere USA, aún espera ser revisitada por su creador, Rockstar Games. Estos juegos, si bien son disfrutables, ofrecen una experiencia limitada que podría hacer que, en retrospectiva, el futuro se perciba más emocionante.
Con la llegada de GTA III, la franquicia da un paso trascendental. Este es el juego que estableció un nuevo estándar en el mundo de los videojuegos. Reconocido como una de las piedras angulares de la historia del gaming, GTA III brindó a los jugadores un oscuro pero humorístico vistazo al inframundo criminal de Liberty City, que, en ese entonces, era menos una copia de Nueva York y más un universo propio. En él, los jugadores asumían el papel de un protagonista mudo y sin alma, realizaban misiones para la mafia, recorrían las calles a alta velocidad y, si lo deseaban, podían recurrir a la violencia sin restricciones.
La obra es indiscutiblemente innovadora para su tiempo y se la compara con clásicos como Half-Life, The Legend of Zelda: Ocarina of Time y The Last of Us. Aunque al revisitar este título puede parecer una especie de demostración tecnológica para los juegos posteriores como Vice City y San Andreas, que expandieron su mundo de forma notable, mejoraron la personalización y enriquecieron la narrativa, GTA III estableció las bases del caos y el crimen en un entorno de mundo abierto.
En la actualidad, es esencial recordar que la propuesta musical de GTA III había sido bastante limitada, lo que restaba cierta creatividad a la experiencia: disfrutar de un tiroteo mientras se escuchaba Video Killed the Radio Star de The Buggles podría haber añadido una capa más a la jugabilidad. Esta reflexión invita a apreciar cómo los avances tecnológicos y artísticos han dado forma a la evolución de la saga, desde esos juegos iniciales hasta las expansivas entregas contemporáneas, permitiendo que el legado de Grand Theft Auto siga siendo relevante.
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