El precio del barril de petróleo ha experimentado una caída pronunciada, alcanzando niveles que no se veían desde abril. Este descenso fue impulsado por el optimismo alrededor de una posible resolución del conflicto en Oriente Medio. Sin embargo, la situación se complicó tras un nuevo incidente en el estrecho de Ormuz, añadiendo tensiones entre Estados Unidos e Irán.
En el Intercontinental Exchange (ICE) de Londres, el Brent del mar del Norte para entrega en agosto se cotizó a 91.45 USD, tras una baja del 2.97%, equivalente a 2.80 USD, después de haber cerrado en 94.25 USD. En su punto más bajo, el Brent registró 89.57 USD, un nivel no visto desde el 17 de abril. Por su parte, el West Texas Intermediate (WTI), con entrega en julio, retrocedió un 3.40%, situándose en 88.20 USD.
La caída del precio se aceleró tras el anuncio del fin de las operaciones militares de Irán contra Israel, aunque el mercado reaccionó rápidamente al enterarse de que Irán había derribado un helicóptero Apache estadounidense en el estrecho de Ormuz. Este ataque, afortunadamente, no dejó víctimas, pero provocó una respuesta inmediata del presidente Donald Trump, quien acusó a Irán de ser responsable y exigió una respuesta.
A pesar de esta escalada, muchos operadores mantienen una visión constructiva sobre la situación, creyendo que una resolución al conflicto podría ser beneficiosa para todas las partes. Carsten Fritsch, analista de Commerzbank, indicó que la persistencia de los precios en niveles considerablemente más bajos que los picos iniciales de la guerra refleja una adaptación del mercado petrolero a las perturbaciones en el suministro. Por su parte, Arne Lohmann Rasmussen, analista de Global Risk Management, señaló que China ha reducido sus importaciones de crudo un 29% interanual, sustentando así los precios.
Adicionalmente, los Estados Unidos han extraído más de 50 millones de barriles de su reserva estratégica para mitigar el impacto de los cortes, aunque los analistas advierten que estas medidas son temporales y no indican una disminución estructural en la demanda de petróleo.
El estrecho de Ormuz, crucial para el tráfico de petróleo, continúa cerrado desde el 28 de febrero, momento en el que estalló el conflicto. Un 20% del flujo marítimo mundial de crudo transita por esa vía, y la reciente escalada de tensiones complica cualquier posibilidad de acuerdo entre Washington y Teherán, lo que afecta directamente la reapertura del estrecho.
Chris Wright, secretario de Energía de EE. UU., indicó que, aunque el tráfico de crudo está aumentando, se requerirá tiempo para normalizar los flujos. Arsenio Domínguez, secretario general de la Organización Marítima Internacional, expresó su preocupación ante la inestabilidad en la región, afirmando que no hay garantías de seguridad fiables para los buques que intentan cruzar Ormuz.
Mientras esta situación persista, analistas como Kathleen Brooks de XTB creen que hay un “nivel mínimo para los precios del petróleo” que está limitando su caída.
Este escenario cambiante sugiere que, aunque el mercado está algo optimista, la incertidumbre geopolítica y los incidentes en regiones clave seguirán influyendo en las cotizaciones del petróleo a corto plazo.
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