La reciente evaluación de Goldman Sachs sobre la demanda mundial de petróleo ha encendido las alarmas en el sector energético. En un informe publicado el pasado viernes, el banco internacional reveló que la demanda de crudo ha caído más de lo que se había anticipado, un hecho que podría tener un impacto significativo en las proyecciones de precios para el crudo Brent y el WTI en el cuarto trimestre de 2026.
Las cifras son preocupantes: se estima que la demanda global ha descendido entre 4 y 5 millones de barriles diarios durante abril. Esta caída se atribuye, en gran medida, a la reducción del consumo, especialmente en mercados clave como China y Europa Occidental. Informes recientes han mostrado un desempeño débil en las ventas minoristas de combustibles, lo que añade más incertidumbre a la situación.
Goldman Sachs fundamenta su análisis en una variedad de enfoques, que van desde el examen de la actividad de las refinerías en todo el mundo hasta el uso de datos de alta frecuencia sobre la demanda, complementados con estimaciones de otros analistas y empresas comerciales. Este método exhaustivo permite al banco ofrecer una visión detallada de las tendencias actuales en el suministro y la demanda de petróleo.
Sin embargo, los desafíos no solo radican en la caída de la demanda. Existe también la posibilidad de que el cierre del estrecho de Ormuz, un canal estratégico para el comercio de petróleo, continúe presionando los precios al alza si la situación no mejora. Esto desencadena una dualidad de riesgos: mientras que la disminución de la demanda podría hacer caer los precios, el cierre prolongado del estrecho podría provocar un desabastecimiento global y un aumento en los costos del petróleo.
En el contexto de estos desarrollos, el pasado viernes los futuros del crudo Brent cerraron a 93.09 dólares por barril, lo que representa una caída de 1.94 dólares o el 2.04%. Por su parte, el crudo West Texas Intermediate cerró a 90.54 dólares por barril, con un descenso de 2.50 dólares, equivalente al 2.69%.
En esta encrucijada, el futuro del mercado petrolero se ve amenazado tanto por factores a la baja como por tensiones inesperadas que podrían impulsarlo al alza. A medida que avanzamos hacia la mitad de 2026, el sector estará atento a cómo se desarrollen estos elementos y qué repercusiones tendrán en las economías globales que dependen en gran medida de este recurso vital.
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