Fotografiar es, para la reconocida artista Patricia Lagarde, una forma de interrogar al mundo a través de la luz. Su enfoque hacia la fotografía no solo es una práctica estética, sino una construcción profundamente personal que busca dar vida a escenarios imaginarios mediante objetos y luz. Este estilo, que combina elementos de cine, literatura, experiencias y sueños, se refleja en su trabajo.
El próximo 10 de enero, Lagarde será admitida oficialmente en la Academia de Artes en la sección de Gráfica, un acontecimiento que la comunidad artística ha anticipado. Su ingreso a este reconocido organismo, en el cual solo han estado figuras icónicas como Manuel Álvarez Bravo, Héctor García y Graciela Iturbide, representa no solo un honor, sino una nueva responsabilidad. Para Lagarde, esto implica ser un referente en su disciplina y comprometerse aún más en su búsqueda creativa.
En su discurso de ingreso, prevé explorar el concepto de la fotografía como ficción, proponiendo que esta disciplina, comúnmente concebida como un reflejo de la realidad, también es una mirada subjetiva marcada por el proceso de edición y selección. Desde los inicios de la fotografía con innovadores como Henry Fox Talbot y Joseph Nicéphore Niépce, se ha observado cómo la representación de objetos cotidianos puede convertirse en símbolo y memoria.
Uno de los temas más sobresalientes en su obra es la relación con la memoria y la construcción. Lagarde sostiene que la fotografía tiene una capacidad intrínseca para preservar la memoria de forma tangible, un recurso que se ha visto acentuado en la era de lo analógico. A través de sus proyectos, busca capturar arquetipos que reflejan lo humano, destacando que estos objetos seguirán existiendo mucho después de nosotros.
Su serie “Buscando a Eva” es un claro ejemplo de su metodología, donde crea dioramas que narran historias de mujeres de forma sutil y evocadora, transformando espacios comunes en conectores de emociones y narrativas. En ocasiones, sus imágenes toman inspiración de obras pictóricas, creando un diálogo visual con el arte clásico, como se puede observar en su referencia al cuadro “Mujer al sol” de Edward Hopper.
Su proceso creativo, descrito por ella como “muy intuitivo”, no nace de la simple acción de capturar lo que está a su alrededor, sino de un viaje hacia su mundo interno. Así, sus escenas surgen de la lectura, recuerdos o mitos, fusionando su experiencia personal con la reflexión artística.
Un aspecto intrigante de su obra es el proyecto “Bureau de identificación”, que se exhibirá en la muestra “La paradoja del archivo”. En este, Lagarde utiliza fotografías encontradas y las enriquece con interpretaciones de distintos profesionales, mostrando cómo una imagen puede evocar diversos significados dependiendo del contexto y la percepción de cada observador.
La muestra, que también incluirá diez libros de artista y su proceso de creación, se centra en la idea de que los archivos, aunque destinados a preservar la memoria, siempre están sujetos a la subjetividad de quien los crea. Esto plantea preguntas sobre lo que realmente puede considerarse objetivo en el arte.
El trabajo de Patricia Lagarde, que también se etiqueta como “Se borrarán las islas”, busca crear un pequeño atlas de las islas de México, ampliando su exploración temática. A medida que su carrera avanza, su enfoque en la fotografía no solo redefine la narrativa visual, sino que también invita a los espectadores a reflexionar sobre su propia relación con la memoria y la representación.
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