A veces, los hallazgos más modestos pueden tener un impacto profundo en nuestra comprensión de la historia. Un reciente descubrimiento, recuperado del Museu de Granollers, ha revitalizado el interés por el yacimiento ibérico del Turó del Vent, ubicado en Llinars del Vallès, Barcelona. Este hallazgo consiste en la carrillera derecha de un casco hispano-calcídico, un tipo de yelmo asociado a las élites guerreras celtíberas que datan del periodo entre el siglo IV a. C. y el II a. C. El estudio de esta pieza no solo ha permitido reconstruir una parte del equipamiento militar protohistórico usado en la península ibérica, sino que también ha ofrecido información valiosa sobre las interacciones entre los pueblos íberos de la costa catalana y los grupos meseteños durante la Segunda Guerra Púnica.
La carrillera fue descubierta en las excavaciones de la década de 1980, pero estuvo olvidada durante años hasta que un equipo de la Universitat de Barcelona la identificó correctamente. Inicialmente, había sido equivocadamente clasificada como parte de un casco Montefortino, pero una revisión exhaustiva de los materiales metálicos no publicados determinó su verdadera naturaleza como fragmento de un casco hispano-calcídico. Este nuevo análisis es parte de una iniciativa más amplia para reevaluar el papel del yacimiento en las dinámicas sociales y económicas del noreste peninsular durante la Edad del Hierro.
Este hallazgo es significativo, ya que representa el primer fragmento de casco de este tipo encontrado en Cataluña y uno de los pocos fuera del contexto celtibérico meseteño. Acompañado de otro fragmento documentado en Castellón, se convierte en un testimonio excepcional de la circulación de objetos y, posiblemente, personas, entre diferentes regiones culturalmente distintas.
Ubicado en el macizo del Montnegre, el Turó del Vent se sitúa a más de 380 metros sobre el nivel del mar y controla una antigua vía de comunicación que fue clave para el litoral catalán. Entre los siglos IV y II a. C., este yacimiento se convirtió en un hub económico basado en el almacenamiento de cereales, la metalurgia y el trabajo textil, jugando un rol crucial dentro del sistema productivo de la Laietania.
La intensa remodelación del asentamiento en el siglo III a. C. incluyó la construcción de una muralla cuadrangular, lo que evidencia su función como apoyo logístico a la capital ibérica de Ilduro. Esto responde a las necesidades de una sociedad jerarquizada, interconectada con las dinámicas de intercambio y conflicto del Mediterráneo occidental.
Los investigadores han situado la datación del hallazgo hacia el 200 a. C., coincidiendo con un periodo de máximo apogeo en el que Roma luchaba por consolidar su control al sur del Ebro. Las alianzas formadas con los layetanos, como se menciona en los textos de Tito Livio, explican el aumento de actividad en enclaves como el Turó del Vent, donde se suministraron recursos a las fuerzas romanas.
Un debate interesante que plantea el hallazgo es cómo llegó esta pieza celtíbera a un asentamiento layetano. Los expertos han propuesto dos hipótesis: podría tratarse de un trofeo de guerra o el equipo de un guerrero mercenario que regresó tras participar en campañas con Roma. Ambas interpretaciones sugieren una fascinante red de conexiones entre culturas y conflictos de la época.
La carrillera no es el único elemento militar encontrado en el yacimiento; también se han recuperado puñales bidiscoidales y otros objetos que indican que las armas tenían una función simbólica más allá de su uso bélico. Este conjunto de hallazgos enriquece el conocimiento sobre los cascos hispano-calcídicos y proporciona una mirada amplia sobre la historia militar y social del noreste peninsular alrededor del 200 a. C.
La información presentada corresponde a la fecha de publicación original, 25 de julio de 2025.
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