El Día del Niño, que celebraremos pasado mañana, ha evolucionado no solo en su significado, sino en la forma en que lo nombramos. Originalmente conocido como el Día Universal del Niño, ahora ha adquirido distintas denominaciones a lo largo del tiempo, incluyendo el Día de las Infancias. Esta transformación refleja un cambio cultural y social en la manera de reconocer y valorar la infancia.
La historia de este festejo, que podría narrarse como un cuento infantil, tiene orígenes diversos tanto a nivel nacional como internacional. Hay quienes atribuyen la primera mención sobre los derechos infantiles a la inglesa Eglantine Jeff en el siglo XIX, mientras que otros sostienen que el momento crucial fue la redacción de la Declaración de los Derechos del Niño. La génesis de un día específico para celebrar a los más jóvenes recayó finalmente en la Asamblea General de las Naciones Unidas. En 1954, la ONU recomendó establecer un Día Universal del Niño, sugeriendo el 20 de noviembre como fecha, en honor a la aprobación de la Declaración de Ginebra. Sin embargo, la implementación de una celebración formal fue un proceso largo y, en muchos países, las fechas fueron variadas. Así, países como Bolivia eligieron el 12 de abril, Colombia el último sábado de abril, y Argentina se decantó por el segundo domingo de agosto.
En México, la elección de la fecha del 30 de abril se debe a una decisión del general y presidente Álvaro Obregón en 1924, siguiendo el consejo de José Vasconcelos, entonces titular del Ministerio de Educación. Desde ese entonces, el Día del Niño se ha celebrado en el país con festividades que incluyen juegos, cantos y regalos, con en ocasiones la permisibilidad de no asistir a la escuela.
Esta celebración, más allá de las actividades lúdicas, es un recordatorio de los derechos de los niños, que son fundamentales para su bienestar y desarrollo integral. A lo largo de los años, se han enumerado derechos esenciales, incluyendo el derecho a la vida, a la identidad, a la igualdad, y a vivir en un ambiente libre de violencia, entre otros.
Como expresó el poeta Rainer María Rilke, la infancia es la verdadera patria del ser humano. Es vital que reconozcamos no solo la importancia de celebrar a los niños en un día específico, sino la necesidad de respetar y promover sus derechos todos los días. Así, siguiendo el espíritu de María Montessori, es a través de los niños que podemos encontrar la esperanza y el futuro de la humanidad.
Esta información, aunque precisa, se basa en datos hasta el 27 de abril de 2025, y es crucial que se continúe promoviendo el respeto y la protección de los derechos infantiles en cualquier época y contexto.
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