En una celebración de la trayectoria artística de Geles Cabrera, el Museo del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México presenta una ambiciosa retrospectiva que abarca siete décadas de su obra. Esta exposición llega en un momento significativo, ya que Cabrera, quien cumple 100 años este año, ha sido recientemente galardonada con la Medalla Bellas Artes en Artes Visuales, el más alto reconocimiento artístico del país.
La muestra, organizada de manera temática, ofrece una profunda exploración de su tratamiento fluido del cuerpo humano, el espacio y el movimiento, utilizando una variedad de materiales que van desde la piedra volcánica hasta el terracota y el plexiglás. Joshua Dalí Sánchez González, el curador, destaca que la disposición de las obras en un diseño cuidadosamente coreografiado y, a veces, ceremonial, busca situar el legado de Cabrera en el contexto de su época.
Criada en un México posrevolucionario, donde el muralismo dominaba la escena artística, Cabrera se enlató en la exploración del potencial expresivo del cuerpo, convirtiéndose en una figura radical en un entorno conservador. A través de su relación con el arquitecto vanguardista Alfonso Pallares, que fusionó color, forma y música en danza, Cabrera desarrolló una práctica artística que se infundió de ritmo y movimiento.
A lo largo de su carrera, la interpretación del cuerpo por parte de Cabrera ha oscilado entre la figuración y la abstracción, sintetizando movimiento, gesto y sensualidad. Obras como “Pasión Femenina” (1979) muestran una fluidez casi etérea, gracias a la porosidad de los materiales. La exposición también resalta su serie de terracota de los años 80, donde se entrelazan influencias del modernismo occidental y expresiones mesoamericanas y afrocubanas en una búsqueda espiritual.
Entre los casi 100 trabajos exhibidos se incluyen fotografías de archivo que documentan su participación en proyectos de arte público en la década de 1970, así como su gestión del Museo Escultórico en Coyoacán, un espacio que exhibió más de 50 obras en un jardín escultórico de 1966 hasta la década de 1990.
Sánchez menciona cómo Cabrera, al no poder exhibir su trabajo en instituciones, decidió crear su propio espacio de exhibición, inspirándose en la Anahuacalli de Diego Rivera y la Casa Azul de Frida Kahlo. Para enriquecer la experiencia, la exposición también incluye obras de artistas contemporáneos como Paula Cortazar y Madeline Jiménez.
Cabrera tuvo su primera exposición individual en la progresista Galería Mont-Orendáin en 1949, aunque su reconocimiento a gran escala llegó mucho más tarde. La “redescubierta” de su obra en 2018 por el artista Pedro Reyes revitalizó el interés en su práctica, llevando a una encuesta en el Museo Experimental El Eco. Desde entonces, su representación ha cambiado, consolidándose con el respaldo de galerías contemporáneas.
Un momento destacado de la exposición será la presentación de una danza viviente que tomará lugar durante la Semana del Arte, donde 50 estudiantes, bajo la dirección del coreógrafo Diego Vega, interpretarán una pieza inspirada por la obra de Cabrera. Este enfoque intermedio no solo destaca la relevancia contemporánea de su legado, sino que también convierte la exhibición en una experiencia sensorial completa.
La muestra “Geles Cabrera: Partituras Corporales” permanecerá abierta hasta el 5 de abril, ofreciendo una oportunidad inigualable para explorar la odisea artística de esta pionera en la escultura mexicana. Esta retrospectiva no solo visibiliza su trabajo, sino que también invita a los visitantes a contemplar su impacto duradero en el arte contemporáneo.
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