El gobierno de México se encuentra en una encrucijada energética, buscando recursos para satisfacer su creciente demanda de gas natural de manera sostenible. Actualmente, el país consume 9,000 millones de pies cúbicos diarios de este recurso, de los cuales sólo 2,300 millones son producidos por Pemex. La alarmante cifra indica que el 75% del gas natural utilizado proviene del extranjero. Ante un futuro que prevé un aumento del 30% en la demanda de gas natural para finales de 2030, la necesidad de innovaciones en la producción es urgente.
Un estudio titulado “Justificación de los métodos de fracturación hidráulica sin agua” propone que las tecnologías tradicionales de fracking han alcanzado un límite operativo y ambiental, volviéndose insostenibles. La explotación convencional puede consumir entre 15,275 y 19,425 metros cúbicos de agua por operación, lo que no solo plantea retos para el medio ambiente, sino que también genera complicaciones en la extracción eficaz de hidrocarburos debido a efectos indeseados, como el hinchamiento de minerales de arcilla.
Frente a estos desafíos, los investigadores resaltan la necesidad de adoptar tecnologías de extracción que no dependan del agua. Una de estas tecnologías es el uso de dióxido de carbono (CO2) en varias formas: espuma, seco y supercrítico. La técnica de CO2 seco, que reemplaza completamente el agua, muestra un enfoque innovador y potencialmente más eficiente. Por su parte, el fracking con CO2 supercrítico, que opera en un estado entre líquido y gas, ha demostrado mejorar la recuperación de gas en un 15 a 20% en comparación con los métodos tradicionales, como lo ha evidenciado la China National Petroleum Corporation en sus campos de esquisto en Xinjiang y Jilin.
Además, el uso de fluidos criogénicos, como el nitrógeno líquido, se presenta como una frontera prometedora. Este fluido requiere menos presión de fractura y fomenta una fracturación más compleja y permeable, lo que podría aumentar la eficiencia en la extracción. A su vez, el nitrógeno líquido es inerte y económico, lo que simplifica el proceso de limpieza del pozo después de la operación.
La exploración también se extiende a la posibilidad de utilizar Gas Licuado de Petróleo (LPG) y Gas Natural Licuado (LNG). Aunque ha habido más de 1,500 operaciones exitosas en Norteamérica transformando propano en gel, se deben considerar los riesgos de seguridad asociados. El LNG, aunque seguro y abundante cerca de sitios de perforación, plantea interrogantes sobre su madurez comercial en el ámbito de la fracturación hidráulica.
A medida que se buscan soluciones innovadoras para minimizar el impacto ambiental, el reciclaje de agua se erige como otra alternativa viable. Reportes recientes sugieren que es posible reutilizar hasta el 95% del agua usada en fracking, lo que puede reducir los costos operativos entre un 30 y un 40%.
Con un panorama energético cambiante y la naturaleza agotándose, las tecnologías emergentes son cruciales para un futuro sostenible en la industria del gas natural en México. El tiempo apremia, y la transición hacia métodos más responsables puede definir el rumbo energético del país en los años venideros.
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