Alrededor de 800 artistas, escritores, actores y músicos han unido sus fuerzas en una nueva campaña titulada “Robar No es Innovar”, en contra de lo que ellos consideran un “robo a gran escala” por parte de las empresas de inteligencia artificial. Entre los firmantes se encuentran nombres destacados como los autores George Saunders y Jodi Picoult, además de las reconocidas actrices Cate Blanchett y Scarlett Johansson, y músicos como la banda R.E.M., Billy Corgan y The Roots.
Según un comunicado de prensa, las empresas tecnológicas, empujadas por una feroz competencia por liderar el nuevo ámbito de la inteligencia artificial generativa (GenAI), han replicado una cantidad masiva de contenido creativo online sin la debida autorización ni compensación a los autores. Este “robo” de propiedad intelectual, descrito como ilegal, ha creado un ecosistema informativo predominado por la desinformación y los deepfakes. Este fenómeno, que ha sido denominado “basura de IA”, no solo pone en riesgo la calidad del contenido producido, sino que también amenaza la competitividad de Estados Unidos en la esfera global de la inteligencia artificial.
La campaña es parte de los esfuerzos de la Human Artistry Campaign, un colectivo que reúne a organizaciones como la Asociación de la Industria de la Grabación de América (RIAA) y sindicatos de actores y deportistas como SAG-AFTRA. A través de anuncios a plena página en medios tradicionales y en redes sociales, la campaña aboga por la creación de acuerdos de licencia y un ambiente de aplicación legal que permita a los artistas optar por no tener su trabajo utilizado para entrenar modelos de inteligencia artificial.
En el ámbito federal, el ex presidente Donald Trump y sus aliados en la industria tecnológica han estado intentando regular cómo los estados abordan la inteligencia artificial, así como sancionar a aquellos que busquen establecer normas restrictivas. Sin embargo, en un giro inesperado, empresas tecnológicas y propietarios de derechos que antes estaban posicionados como adversarios, ahora están formando acuerdos de licencia que permiten el uso de obras protegidas por la inteligencia artificial. Por ejemplo, las principales discográficas han comenzado a colaborar con startups de música basadas en IA para permitir que sus catálogos sean utilizados en remixes y entrenamiento de modelos.
Algunos editores digitales, que anteriormente habían demandado a empresas de inteligencia artificial por el uso no autorizado de sus contenidos, ahora están respaldando estándares de licencia que les permiten controlar la aparición de su material en los resultados de búsqueda de inteligencia artificial. Varios medios también han firmado acuerdos individuales con empresas tecnológicas, autorizando que sus contenidos sean utilizados por chatbots de inteligencia artificial.
Con estas acciones, el debate sobre la propiedad intelectual y el futuro de la creatividad en la era digital se intensifica, dejando en claro que la tensión entre innovación y derechos de autor está lejos de resolverse.
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