La reciente tendencia de inversión en mercados emergentes ha dado un giro inesperado, según análisis de economistas de Oxford Economics. Después de un período de atracción hacia estos mercados, los inversionistas ahora están comenzando a evaluar de manera más rigurosa el riesgo soberano y las vulnerabilidades financieras de cada país, lo que puede desencadenar un ajuste significativo en las condiciones del financiamiento.
Durante los últimos meses de 2022 y enero de este año, los mercados emergentes presentaron diferenciales atractivos, haciendo que muchos inversores se sintieran atraídos. Sin embargo, con la reducción de estos diferenciales hasta alcanzar mínimos anuales—en parte debido a un ciclo de recortes de tasas en las economías emergentes y avanzadas—se anticipan correcciones en su atractivo. En el caso específico de México, el diferencial de tasas respecto a Estados Unidos ha bajado notablemente de 575 puntos en octubre de 2023, durante el punto más alto de la restricción monetaria, a un rango actual de entre 325 y 350 puntos.
Entre 2022 y 2024, los spreads de los soberanos emergentes habían mejorado simultáneamente, respaldados por mejores condiciones financieras. Sin embargo, el entorno global incierto ha llevado a los gobiernos a utilizar sus ahorros fiscales, dejando a muchos en una “tensión crítica” al exponer sus vulnerabilidades. En este contexto, los analistas han observado un cambio en las preferencias de los inversionistas, que buscan emisores más disciplinados como Perú, Panamá, Chile, Israel y Emiratos Árabes Unidos. A pesar de que México también se incluye en este grupo, no fue destacado de la misma manera que otros países mencionados.
Por otro lado, emergentes con bajo rendimiento, como Kuwait, Omán y Arabia Saudita, han sido clasificados de forma diferente, junto con aquellos con perfiles estructuralmente frágiles como Sudáfrica, Hungría, Colombia y Brasil. La desconexión es especialmente clara en el caso de los soberanos emergentes de menor rendimiento, incluyendo a Bolivia, Mozambique, Surinam y Costa de Marfil.
Además, el análisis se hace eco de advertencias previas del Fondo Monetario Internacional, que ha señalado que el reciente aumento en el apetito por los bonos soberanos de mercados emergentes se había desvinculado de los fundamentos de estos mercados. De hecho, a pesar de los signos de deterioro en ciertos países, los inversionistas continuaban adquiriendo deuda emergente.
Es importante destacar que en enero de este año, el Instituto de Finanzas Internacionales reportó la entrada de 71,400 millones de dólares al mercado de deuda de mercados emergentes, marcando el mayor flujo de capitales hacia estos mercados en 21 años. Este volumen mensual superó con creces el de diciembre, que había sido de 30,400 millones de dólares, convirtiéndose en el más alto registrado en al menos seis años.
La situación actual exige atención, ya que la diferenciación en el riesgo soberano podría cambiar las dinámicas de inversión en los mercados emergentes a medida que los inversionistas se vuelven más selectivos en sus decisiones.
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