La tensión económica entre China y Estados Unidos alcanzó un nuevo pico este lunes, cuando el gobierno de Pekín ordenó a sus aerolíneas nacionales suspender de inmediato todas las entregas pendientes de aviones fabricados por Boeing, así como las compras de repuestos y equipos provenientes de fabricantes estadounidenses. Esta medida se enmarca en la creciente escalada de represalias comerciales entre las dos mayores economías del planeta.
La decisión fue reportada por la agencia Bloomberg, mientras el presidente chino Xi Jinping, en plena gira por Asia, denunció que las políticas arancelarias impulsadas por Washington amenazan con desestabilizar el orden económico global y socavar el libre comercio. “Esta guerra comercial no solo daña a nuestros países, sino que también compromete los intereses legítimos del resto del mundo”, declaró Xi desde Vietnam, una de las escalas de su recorrido regional.
La reacción china responde directamente a la nueva ronda de aranceles impuesta por el gobierno de Donald Trump, que elevó los gravámenes sobre productos chinos hasta un 145 por ciento. Pekín contraatacó con tarifas del 125 por ciento sobre importaciones estadounidenses desde el pasado 12 de abril. Trump, por su parte, defendió su estrategia en redes sociales, asegurando que “la inflación ha bajado” gracias a estas medidas y que los consumidores estadounidenses han visto reducciones en los precios de bienes clave como gasolina y alimentos.
Sin embargo, las consecuencias inmediatas ya se sienten en el sector aeroespacial. Boeing, que había comenzado el año 2025 con una posición destacada frente a su rival Airbus, enfrenta un revés significativo. En enero y febrero, Boeing superó a Airbus en entregas, pero la medida china amenaza con frenar su recuperación. Las acciones de la empresa cayeron más de un 2% en Wall Street tras conocerse la noticia.
China ha sido históricamente un mercado vital para Boeing: en 2018, cerca del 25 por ciento de sus entregas globales fueron destinadas a aerolíneas chinas. Hasta finales de marzo de este año, el fabricante tenía al menos 130 aviones pendientes de entrega a clientes en China, según datos de su sitio oficial, y ya había completado 18 entregas en el primer trimestre. No obstante, en 2025 no se han registrado nuevos pedidos desde el país asiático.
La decisión de Pekín, según analistas, no solo responde al impacto de los aranceles que elevan los costos de importación, sino también a una estrategia de presión directa sobre uno de los pilares industriales de Estados Unidos. Las autoridades chinas estarían considerando incluso asistir financieramente a sus aerolíneas que rentan aviones Boeing, para mitigar los costos adicionales que ahora enfrentan.
Donald Trump reaccionó con tono desafiante a la noticia. “Curiosamente, acaban de retractarse del importante acuerdo con Boeing”, publicó en su red Truth Social, asegurando que los chinos están incumpliendo con contratos firmados.
Desde la Casa Blanca, la portavoz Karoline Leavitt afirmó que el presidente sigue dispuesto a negociar, pero que “la pelota está en su cancha”. “China debe hacer un trato con nosotros. Nosotros no tenemos que hacerlo con ellos”, sentenció.
Mientras tanto, Xi Jinping continúa su ofensiva diplomática por el sudeste asiático. Tras su paso por Vietnam, el mandatario chino se dirigió a Malasia y se espera que próximamente llegue a Camboya, en lo que se interpreta como un esfuerzo por reforzar los vínculos regionales ante el enfriamiento de las relaciones con Washington.
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