Al menos cinco personas perdieron la vida y más de treinta resultaron heridas en recientes ataques del Ejército de Rusia en la provincia de Sumi, en el noreste de Ucrania. Según la Administración Militar Regional, cuatro víctimas fatales, de entre uno y 76 años, fallecieron debido al impacto de un dron en una vivienda en Romenski, mientras que una quinta persona, de 47 años, murió en un ataque adicional en Richkivski.
En una serie de ofensivas nocturnas, Rusia lanzó dos misiles guiados y más de 100 drones de larga distancia. Hasta el momento, se ha confirmado que uno de los misiles y 82 drones fueron neutralizados en diversas regiones de Ucrania, mientras que otros 21 drones y un misil lograron impactar en al menos dieciséis localidades aún no especificadas.
En un balance más amplio, el Servicio de Emergencias de Ucrania reportó que 30 personas han fallecido tras un ataque masivo de misiles y drones lanzado contra Kiev en horas de la madrugada del jueves. La magnitud de la destrucción ha sido significativa, afectando numerosos bloques de apartamentos en la capital, y el número de muertos continúa en aumento a medida que los equipos de rescate trabajan en las labores de búsqueda.
Este ataque ha suscitado condenas internacionales, particularmente de gobiernos occidentales, aunque la Administración de Donald Trump optó por no sumarse a las críticas. En respuesta a estos ataques, el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) informó sobre un nuevo golpe contra el aeródromo de Saki en Crimea, donde al menos siete aviones rusos de combate fueron dañados o destruidos. El SBU confirmó el uso de drones para llevar a cabo estas ataques, enfocándose en hangares que ya habían sido atacados previamente.
Además, el SBU llevó a cabo un ataque en el aeródromo militar de Gvardiski en Crimea, afectando un almacén de drones. Esta estrategia forma parte de una campaña más amplia para perturbar la logística y las capacidades operativas de las fuerzas rusas en la península y en el sur de Ucrania.
Los ataques de Rusia y las contraofensivas de Ucrania han resultado en graves consecuencias humanitarias, con escasez de combustible y apagones en las áreas ocupadas por Rusia en Crimea, mientras que los enfrentamientos continúan generando un elevado número de víctimas.
Por lo tanto, la situación sigue siendo crítica y volátil en la región, con un desarrollo constante de los acontecimientos, destacando la necesidad de atención internacional a este conflicto en curso.
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